Tierra de nadie

Lecciones de periodismo

Cuando proceden de una autoridad en la materia, las lecciones sobre periodismo siempre resultan instructivas. Este domingo el diario El País ofrecía una clase magistral a cargo de su director, Javier Moreno, quien, en animada charla con la defensora del lector, Milagros Pérez Oliva, defendía la "misión y obligación" que tenía su "independiente" periódico de criticar con dureza la política económica del Gobierno, sin que ello deba interpretarse como una reacción colérica a la aprobación de la TDT de pago y a las consecuencias que dicha decisión podrían tener para la cuenta de resultados de su conglomerado mediático. En consecuencia, si El País es más duro con el Gobierno es por el "deterioro objetivo y cuantificable de la situación económica", es decir, por el interés general.

El alegato de Moreno "en defensa del periodismo y de la dignidad de la redacción" concluía afirmando que en su diario "nadie escribe al dictado", lo cual es una verdad inobjetable. En el periódico que se censura a un columnista por decir que "cualquier día en cualquier empresa van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños", que invita a otro a pedir la cuenta por sus opiniones contrarias a la línea editorial –"esa contradicción ha sido superada", afirmó el difunto Polanco mientras extendía el finiquito-, que prohíbe publicar una tribuna porque critica la política antiterrorista del Gobierno, o que envía a un redactor de Economía a Deportes por publicar un libro en una editorial ajena al grupo, no se dictan los artículos. Es evidente.

La detallada lección del director no incluía, sin embargo, la respuesta a dos inquietantes preguntas. ¿Entraba dentro de las funciones de su jefe, Juan Luis Cebrián, consejero delegado del imperio de comunicación más importante del país, visitar a los líderes de CiU y presionarles para que votasen en contra de la citada TDT de pago? ¿En qué tipo de "brujo visitador" se ha convertido el académico Cebrián?

Según la defensora del lector, en su apostilla final a la declaración de Moreno, la sospecha de que se actúa por intereses propios "crea desafección" hacia el periodismo, por lo que es un imperativo democrático demostrar que hay medios –El País, se supone- que no usan su influencia "para defender sus intereses empresariales". Esto sí que es un trabajo y no los de Hércules.