Tierra de nadie

La rebelión del Curita

Por eso del qué dirán y porque de la mano que metió en el fuego puede quedarle a estas alturas un muñón carbonizado, Rajoy le ha pedido a Camps que le entregue la cabeza de su vicepresidente Vicente Rambla y la del secretario general Ricardo Costa, por mucho que a este último le horrorice que las manchas de sangre le arruinen el Lacoste. Pero Camps, que confía mucho en la Justicia, sobre todo si el juez se llama De la Rúa, ha empezado a silbar el only you con las manos metidas en los bolsillos, en lo que parece una rebelión o, cuando menos, un gesto para remarcar lo bien que le queda el traje.

La reacción del atildado presidente valenciano sólo puede obedecer a dos razones: o Rambla y Costa son también sus amiguitos del alma y no quiere verles sufrir, o su implicación en la presunta trama de financiación ilegal del partido -cada vez menos presunta y más ilegal- trasciende a una simple relación de sastrería, y teme que a sus peones les sepa mal el sacrificio, le den mate en dos y se vea obligado a repetir la escena de Danton frente a su verdugo: "Muéstrale al pueblo mi cabeza y sabrán que valió la pena".

Para Rajoy, la situación es algo más que incómoda, no ya porque la corrupción tiene un olor más pegajoso que el aceite de una freiduría, sino porque uno no puede pasarse el día dando lecciones sobre cómo administrar el dinero público cuando se sospecha que en su partido se lo llevan a casa para contarlo mejor. Así que la única opción es la cirugía o una oración por Camps, si el cáncer, como parece, está tan extendido. Y eso que, en ayuda del Curita ha irrumpido el líder de los socialistas valencianos, Jorge Alarte, exigiendo un adelanto de elecciones, como si las urnas fueran la purga de Benito de las responsabilidades penales. Se entiende que Camps gobierne en Valencia con mayoría absoluta y que pudiera hacerlo también una cabra si tuviese el carnet del PP.

La supuesta conspiración en la que participaban Garzón, Bermejo, Rubalcaba, el Gobierno en pleno, la Policía, la Fiscalía y el obispo de Mondoñedo se ha convertido en un sumario con 71 imputados y en una causa en el Supremo, un montaje que Camps va a desbaratar encargando una auditoria a Deloitte o a Pricewaterhouse, la que sea más barata porque con El Bigotes ya no se puede contar. ¿Y Rajoy? Sueña que Camps le hace caso en algo y cambia el traje por el jersey de pico.