Tierra de nadie

La piedra de Gallardón

Todo en Gallardón es complicado. Lo ha sido su vida personal y lo es su trayectoria política. Astuto como Sísifo, ha acabado como él, condenado al infierno de empujar hacia la cima una piedra que, invariablemente, termina por rodarle ladera abajo, tales han sido sus frustrados intentos por alcanzar el liderazgo del PP. Se le recordará abatido y al borde de la renuncia a la alcaldía cuando Rajoy le impidió obtener un escaño en el Congreso, y renacer poco después de sus cenizas para seguir empujando el peñasco. "¿Sigue afectado?", le pregunté a amigo suyo llamado José Bono. "Es como esa viuda que, pasado el óbito, se le olvida llorar", respondió.

Como puede suponerse, lo de estar todo el día subiendo la piedra a la montaña es un ejercicio agotador, más aún si se elige cada vez una roca de mayor tamaño, en abierto desafío a la ley de la gravedad, y con el riesgo agravado de que la avalancha te lleve por delante. En algún momento, se termina por abandonar la dichosa piedra y hacer sudokus. Y eso es lo que puede ocurrirle Ruiz-Gallardón si los miembros del COI no otorgan hoy a Madrid la organización de los Juegos Olímpicos de 2016.

Estamos ante un empeño personal del alcalde, que algunos juzgan irracional por el simple hecho de que, adjudicados a Londres los juegos de verano de 2012, y a Sochi (Rusia) los de invierno del 2014, es altamente improbable que la antorcha se quede en Europa dos años más. Pese a todo, Gallardón ha logrado embarcar en la aventura a todas las instituciones del Estado, empezando por el propio Rey, al que ha tenido haciendo pasillos en Copenhague y comiéndoles la oreja a los señores de los anillos, si es que les quedaba algo de oreja después de que Obama les sobara el lomo y les halagara los oídos. La travesía nos ha costado un pico, incluidos los viajes por todo el mundo del regidor y de su séquito. El éxito, de lograrse, será de todos; el fracaso sólo suyo.

Lo que se decide hoy, por tanto, no es sólo la ciudad organizadora de los Juegos sino el futuro político del eterno candidato a liderar la derecha española. Si Madrid gana, Gallardón habrá coronado la montaña y será Rajoy y sus eternos sucesores quienes tendrán que esquivar la piedra; si pierde, tendremos a una viuda inconsolable haciendo sudokus. La vida es así de dura, especialmente para Sísifo.