Tierra de nadie

Un vistazo a la momia de Franco

Además de conseguir que el Congreso apruebe la elaboración de un censo de los enterrados en el Valle de los Caídos para que sus familiares puedan reclamar sus restos, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha pedido que los cadáveres de Franco y José Antonio Primo de Rivera sean exhumados y entregados a sus familias. Es de suponer que del segundo se conservarán los huesos pero, ¿y del primero? ¿Qué se hallaría bajo la losa de tonelada y media de granito? ¿Qué quedará del trabajo de conservación del cuerpo que llevó a cabo el doctor Haro Espín, entre cuyos embalsamados ilustres se encuentra no sólo el general bajito sino Bing Crosby o Tyrone Power?

En Fiambres. La fascinante vida de los cadáveres, Mary Roach cuenta que el negocio del embalsamamiento empezó a florecer en Estados Unidos en 1865 cuando trasladaron desde Washington a Illinois, su ciudad natal, el cadáver de Abraham Lincoln y la gente comprobó el saludable aspecto del presidente. Las funerarias empezaron a prometer resultados permanentes para sus servicio. Todo iba de perlas hasta que un tipo decidió comprobarlo personalmente, y cada seis meses se plantaba en el panteón de su difunta madre y levantaba la tapa del ataúd. Durante una primavera lluviosa se filtró humedad y al abrir la caja comprobó que a la finada le había crecido la barba y tenía el cuerpo como una naranja mohosa. Demandó a la funeraria, que tuvo que indemnizarle con 25.000 dólares por publicidad engañosa. Fue el final del boom.

La expectativa de que el cuerpo del dictador se conserve tan radiante como la momia de Lenin abre insospechadas posibilidades de negocio. Junto a la inmensa fortuna que les dejó, los Franco podrían dar una nueva utilidad al abuelo y exhibirlo en el Pazo de Meirás tras una urna, ahora que la Xunta se ha puesto dura y quiere abrirlo al público como bien de interés cultural. ¿Acaso los de Bodies no se ganan una pasta paseando por el mundo los cadáveres disecados de once chinos?

Ahora bien, ¿qué pasaría si al levantar la piedra no se encontrara vestigio alguno y se confirmara que Franco no ha muerto, como siempre han sostenido sus afligidos partidarios, sino que vive y nos observa desde algún lugar junto a Elvis Presley y Michael Jackson? No sé a ustedes, pero a mi me parece que sería correr un riesgo innecesario.