Tierra de nadie

La escobilla del váter de Matas

De entre los objetos inventariados por el juez en sus casas al ex ministro de Aznar y ex presidente de Baleares, Jaume Matas, del que sospecha que se lo llevaba más crudo que el petróleo del Mar del Norte, destaca por su fuerte carga simbólica una escobilla de baño tasada en 350 euros. Uno puede rodearse de muebles estilo Luis XV, porcelanas de Sèvres, jarrones de la dinastía Ming y alfombras persas o acumular más zapatos que Imelda Marcos, tal era el caso, por cierto, de la santa de don Jaume. Pero si gasta tal cantidad en una humilde escobilla es porque espera que sea capaz de cumplir su función de manera sobresaliente, o dicho de otra forma, necesita quitarse fulminantemente la mierda de encima.

Hay poca literatura acerca de la escobilla. Se sabe mucho del papel higiénico, que al parecer fue inventado a mediados del XIX por un tal Cayetty y perfeccionado más tarde por los hermanos Scott de Filadelfia. Y hasta del retrete, cuyos orígenes se remontan a la Creta de hace 4.000 años. Se conoce también el origen del estropajo, que los fenicios conseguían en forma de esparto en el sur de la Península Ibérica y luego vendían a egipcios y asirios, para que dejaran sus templos como la patena. Pero de la escobilla no hay referencias, aunque comparte la misma filosofía que el chupa-chups: si no quieres tocar algo, ayúdate de un palo.

Hay objetos que lo dicen todo. Un anillo, por ejemplo, representa el compromiso, y un biberón personifica la infancia. Las propuestas de Rajoy contra la corrupción, que esta semana ha compartido con el resto de partidos, hubieran debido de ir acompañadas de un signo identificable por cualquiera. Nada mejor para ello que la escobilla de Matas, ya sea en acero inoxidable o policromada, de pie o sujeta al alicatado. Contra la pegajosa corrupción, escobillas de fibra sintética o de pelo de elefante para los pijos más exigentes.

Con este prontuario contra la podredumbre podemos estar seguros de que la vida pública será tan higiénica como un quirófano. Los cargos públicos tendrán que dar cuenta de su patrimonio, incluidos sus palacetes pero especificando lo que pagan en negro. No podrán aceptar regalos excesivos, salvo si son esos trajes con ceñidor trasero que tan bien le sientan a Camps. Si aun así se detectara alguna mácula en su comportamiento, se pasará la escobilla y se tirará de la cadena.