Tierra de nadie

Dos apocalipsis por si no bastaba uno

En un para de días, el INE nos ha descrito dos apocalipsis sucesivos. El primero es la profecía de que el país se convertirá en un geriátrico de aquí al 2050, motivo por el cual el Gobierno ha tardado un par de minutos en anunciar la prolongación de la edad de jubilación hasta los 67 años, para que luego digan que no actúa con rapidez; el segundo armagedón han sido las cifras la Encuesta de Población Activa, que estima en 1.118.600 personas las víctimas del seísmo del desempleo en 2009, año que se cierra con un total de 4.326.500 parados. Por buscar algo positivo en el desastre al que nos enfrentamos podría afirmarse que el envejecimiento será tan intenso y los nacimientos tan menguantes que el problema del paro terminará por resolverse solo.

Pero también cabe señalar que los vaticinios demográficos del INE no son inexorables, siempre y cuando alguien se tome las cosas en serio de una vez y dejen de tener tanto predicamento quienes han hecho del recorte del gasto social el leit motiv de su existencia. En 1976 la tasa de fecundidad en España de 2,8 hijos por mujer en 1976; hoy es poco más de la mitad. ¿Es reversible esta situación? Bueno, hay países que han tenido éxito. Francia fue la primera nación de Europa que vio caer su natalidad y ha logrado invertir la tendencia. ¿Cómo? Conciliando la vida familiar y laboral y subvencionado intensamente a las familias con más de dos hijos. Suecia hizo lo propio con prestaciones proporcionales al salario de los progenitores.

Los países más avanzados de Europa consideran que fomentar la natalidad es invertir en capital humano, mientras que aquí el embarazo sigue siendo la antesala del despido. No es de extrañar que, siguiendo con esta tendencia, las ayudas oficiales que se conceden en España, incluido el cheque-bebé, sean de juguete. El gasto público representa en Suecia el 56% del PIB y en Francia el 53%; el nuestro no llega al 39%, pero tiene muy mala prensa entre nuestros modernos neoliberales, que quizás nos propongan ahora como solución prohibir los anticonceptivos o el aborto.

Es irónico que estos negros augurios demográficos hayan coincidido con el debate sobre la inmigración. Abundan quienes advierten de que los bárbaros que nos invaden terminarán por llevarnos a la ruina cuando la realidad es que son los únicos que pueden hacer que la ruina se retrase. Así nos va.