Tierra de nadie

Tener más querellas que Garzón

Lo de querellarse contra Garzón tiene visos de convertirse en una costumbre tan hispana como el aperitivo del domingo. Si usted sale de casa una mañana sin saber muy bien qué hacer o precisa culpar a alguien del robo del cubo de basura de la comunidad de vecinos, no lo dude: rellene una cuartilla, denuncie al juez y espere a que el caso caiga en manos del Supremo, que no tardará en empapelarle con la dignidad acostumbrada. El tribunal acumula ya tres causas contra Garzón, quien para distraerse ha pedido a Chile que le deje interrogar a la mujer de Pinochet sobre el blanqueo de la fortuna familiar. Tal y como están la cosas, no es descartable que la viuda le demande y afronte un cuarto procedimiento, con el que, al parecer, ganaría un globo y entraría en el sorteo de un viaje al Caribe para dos personas.

Doctores tiene la judicatura para determinar si Garzón se merece un escarmiento por sus excesos, pero en lo que respecta a dos de estas instrucciones la prevaricación que se le imputa es algo más que discutible. En el caso de la memoria histórica, es inaudito sostener que dictó resoluciones injustas a sabiendas cuando tres magistrados de la Audiencia Nacional le consideraron competente para llevar adelante esta investigación por presuntos delitos de crímenes contra la humanidad y terrorismo, salvo que ellos mismos también prevaricaran.

Igual podría decirse de la supuesta ilegalidad de las escuchas en la cárcel ordenadas por Garzón a los letrados de varios imputados en la trama Gürtel. Si Garzón prevaricó, también lo habría hecho el juez del caso en Madrid, Antonio Pedreira, quien avaló estas intervenciones tras destacar que el derecho de defensa y el secreto profesional de los abogados debe respetarse "siempre y cuando no se pretenda con ello infringir otro precepto constitucional", tal y como recoge la jurisprudencia del propio Supremo y del Constitucional.

Más difícil de aceptar es el asunto de los cursos en Nueva York, porque pedir al presidente del Santander, Emilio Botín, que te afloje 300.000 euros y luego archivar una querella en su contra en vez de abstenerse puede que no sea prevaricación pero es bastante feo. Reclama Garzón que se le trate como a cualquier ciudadano, sin reparar en que habrá ciudadanos que pidan ser tratados como Garzón. Botín no va a dar abasto con tanta carta: "Querido Emilio…".