Tierra de nadie

A Garzón le mata la estadística

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha decidido anular la mayoría de las escuchas telefónicas ordenadas por Garzón en la trama Gürtel, algo que, si bien no acaba con el caso, lo deja herido y al pairo del rosario de las peticiones de nulidad que, a buen seguro, presentarán las defensas de los procesados al amparo de la teoría del árbol contaminado: si la raíz de la investigación está contaminada, también lo están sus frutos. ¿Implica esto que Garzón prevaricó al intervenir las comunicaciones entre abogados y clientes? No. Lo que significa es que Don Baltasar es un instructor malísimo.

No se trata de aquí de describir al personaje, que puede ser admirado por su coraje para perseguir a dictadores como Pinochet o investigar los crímenes del franquismo y, a la vez, repudiado por un narcisismo enfermizo, que transforma la acción jurisdiccional en un mero ejercicio de marketing. Tampoco aporta gran cosa valorar si la estrella más rutilante de la Judicatura es víctima de una conjura o paga la factura de sus desafueros. Lo interesante es la estadística, repasar el desenlace de los causas que ha instruido Garzón y comprobar su cuenta de resultados.

Algo semejante hizo el periodista Mariano Sánchez Soler en una biografía crítica sobre el magistrado publicada en 2006. En 17 de sus casos con mayor repercusión, incluidos el GAL, fondos reservados, UCIFA, Yomagate, Nécora, Jarrai, Temple o Al Qaeda, entre otros, Garzón había procesado a 324 personas, de las que sólo 163 habían sido condenadas, esto es el 50,3%. No se incluían por razones obvias de fecha la absolución de los 19 inculpados en el caso del lino ni su error al dejar libres a dos narcotraficantes turcos, por lo que fue castigado con una multa de 300 euros. ¿Es una buena marca? Para un jugador de baloncesto en tiros de tres, quizás.

Si su eficacia pasara la prueba del algodón, poco habría de importarnos si su egocentrismo es congénito o adquirido, y hasta disculparíamos ese disfraz permanente de justiciero universal con el que espera que un buen día le caiga el Nobel de la Paz. Lo que cuesta entender es que quienes presuntamente han desfalcado las arcas públicas puedan irse de rositas por el desatino de un juez, que no es que prevaricara, es que se pasó de listo, como tantas otras veces.