Opinion · Tierra de nadie

El tesoro de los afganos

A la pregunta de qué se nos había perdido en Afganistán una vez que hemos llevado hasta allí la democracia por Seur y hemos conseguido que las mujeres se liberen y quemen el sujetador, aunque apenas se les note con el burka puesto, ha venido a responder el Pentágono con un informe sobre lo que ha encontrado en el subsuelo en cantidades industriales: litio, oro, cobre hierro y cobalto. Los que pensábamos que, además del combate el terrorismo, el interés de EEUU y sus aliados era geoestratégico, por eso del oleoducto que ha de llevar el petróleo de Kazajistán a la costa paquistaní, estábamos equivocados. No sólo era geoestratégico; también lo es geológico.

Como de oro vamos sobrados y dejaron de estar de moda los cadenones y las pulseras de 18 kilates con el nombre y el grupo sanguíneo, lo que más ha llamado la atención del descubrimiento es el litio, sobre todo ahora que hemos confiado a las baterías de los nuevos coches eléctricos y al IPad el cambio del modelo productivo. El problema para explotar estos recursos no son tanto los talibanes sino Karzai, que ya demostró que es único escondiendo papeletas electorales bajo la capa. Uno deja al cuidado de este hombre tan democrático los yacimientos del país, y en menos de una semana no queda litio ni para las pilas de un Casio.

Las primeras informaciones incluyen un mapa del tesoro y valoraciones acerca de la incapacidad de los afganos para gestionar estos recursos, para cuya extracción, según se dice, es necesario tiempo, tecnología –o sea, dinero- y que termine la guerra, para lo cual serán imprescindibles, lógicamente, sucesivas misiones de paz. En el futuro se harán denodados esfuerzos para que la población no tenga que morirse de repente en un bombardeo de la OTAN y pueda hacerlo a su aire, con alguna de las enfermedades asociadas a la minería.

A tenor de lo anterior, la presencia del Ejército español es más necesaria que nunca. Además de construir carreteras y aeropuertos, rehabilitar hospitales y llevar a pueblos remotos la luz y el agua potable, nuestros militares podrán enseñar a los afganos a encontrar oro debajo de las piedras. Si no lo consiguieran porque está muy profundo, podrán contar con nuestras empresas, que demostrarán que no hay quien les gane a crear empleo cuando existe el despido libre.