Tierra de nadie

El PNV sube el precio

Está visto que el PNV no es una chica fácil porque tras del cortejo al que Zapatero le sometiera en el debate sobre el Estado de la Nación, incluido el ya clásico si tu me dices ven lo dejo todo, los nacionalistas vascos siguen con el mohín arisco y no aceptan ni una cita. El último desplante se ha producido en la votación del techo de gasto de los Presupuestos de 2011, trámite que los socialistas lograron sacar adelante con la abstención de CiU, que ya ha anunciado sus calabazas cuando las cuentas lleguen al Congreso pero que se permite estos gestos para demostrar que si el Gobierno sigue coleando es porque le da la gana.

De estar en el monte, fundamentalmente a setas, el PNV se ha convertido en el oscuro objeto del deseo del PSOE y también del PP, cuyo líder no es que ronde a Urkullu, es que le pondría una mercería. Divorciado de la izquierda por errático y con CiU en plan perdonavidas, sus seis diputados son claves para que Zapatero apruebe los Presupuestos y, lo que es más importante, pueda concluir la legislatura. Los que se está negociando ahora mismo es el precio de ese apoyo, una factura que tiene muy inquietos a los socialistas vascos, que gobiernan en Euskadi gracias a un pacto con el PP, y que temen convertirse en moneda de cambio.

En la tarea de llevar al nacionalismo vasco vestido de blanco hasta el altar se ha implicado desde Zapatero a José Antonio Alonso, pasando por el incombustible Txiqui Benegas, quien, como reconocía uno de sus allegados, "no es que tenga un encargo especial, es que le sale solo". Se da por descontado que la dote incluiría las famosas transferencias pendientes, con la excepción de la gestión de la Seguridad Social, que, por cierto, es deficitaria en Euskadi. Y si además se quiere un acelerador de partículas en Zamudio y que el puerto de Pasajes sea más grande, por dinero no va a ser.

El PNV tiene la sartén por el mango, aunque jugar con el aceite tiene sus riesgos. Resulta contraproducente que quien gobierna en Álava siendo tercera fuerza pretenda imponer que se respete la lista más votada con vistas a las municipales y forales de 2011. Urkullu tendrá que decidir si le compensa tener al PSOE comiendo de su mano o si prefiere los botones y los abalorios. Las mercerías entretienen mucho pero no dan réditos excesivos.