Tierra de nadie

El órdago de un tal Gómez

Tomás Gómez, el atribulado secretario general de los socialistas madrileños, está dispuesto a morir matando y, en circunstancias semejantes, lo normal es que todo se manche de rojo. Gómez ha sido el enésimo caballo ganador de Zapatero, pero está visto que el presidente no se ganaría la vida en las carreras porque no entiende de monturas, a diferencia de Bono que hasta tiene su hipódromo particular. Desde que tomó las riendas del PSOE, el presidente se ha tomado Madrid como su finca particular, y no está dispuesto a que nadie lo diga lo que tiene que plantar en los alcorques. Lo de Gómez no ha sido por falta de riego o de cariño. Creció incluso. ¿El problema? Que el jardinero se ha convencido de que es una mala hierba y no cejará hasta arrancarla de cuajo.

Diez años de experimentos no han bastado para que Zapatero alcance a comprender los motivos del fracaso de todas sus apuestas personales para Madrid. El primero es, quizás, su enfermiza obsesión por las encuestas, a las que toma muy serio salvo si dicen que quien sobra es él. Tampoco ayuda el desprecio que manifiesta a la organización regional y a su militancia con la imposición arbitraria de un candidato, algo que explica, por ejemplo, que buena parte de la publicidad electoral que se pensó para la aventura municipal de Miguel Sebastián se quedara sin repartir. Finalmente, el electorado, que no es imbécil del todo, valora el trabajo y la constancia. Lo normal es que no se gane a la primera; lo extraño es que en cada elección se cambie de cara.

La designación del de Parla fue un disparate más, un nuevo capricho demoscópico de Zapatero, que ni siquiera tuvo en cuenta las dificultades que encierra hacer oposición sin estar en la Asamblea de Madrid. Gómez no enamora, tiene menos carisma que un botijo y es altamente probable que, si le dejan, naufrague contra las rocas de la lideresa. Aún así, ha puesto orden en el PSM y tendría sus opciones si el señor del jardín dejara de segarle la hierba bajo sus pies.

A diferencia de sus antecesores, Gómez no está dispuesto a tragar porque es su candidatura la que está en juego y ha echado el órdago de las primarias. La suya parece ser una de las posiciones numantinas que tanto desagradan a Zapatero. ¿El desenlace? Roma siempre tuvo traidores que le hicieron el trabajo.