Tierra de nadie

Aído y Corredor, un caso extraño

Los que abandonan el Gobierno siempre tienen un consuelo: se puede ser ministro un año, dos o seis, pero un ex ministro lo es para toda la vida. Por eso, ha sorprendido que, una vez desalojadas del Gabinete por la desaparición física de sus sillones, tanto Beatriz Corredor como Bibiana Aído hayan aceptado ser degradadas a secretarias de Estado, aunque sea éste un cargo muy apañado porque no requiere llevar cartera a todos lados y, además, está mejor pagado. Como se quiera que cuando el Ministerio le deja a uno el Estado asegura las lentejas durante un par de años y en lo de recolocar a sus cesantes los Gobiernos funcionan mejor que el INEM, la decisión de ambas de seguir en el machito y someterse voluntariamente a un previsible escarnio público ha de obedecer a razones ajenas al vil metal.

Obviamente, el dinero no puede ser el móvil en el caso de Corredor, registradora de la Propiedad como Rajoy, al que nadie imaginaría en la indigencia si el PSOE le vuelve a robar la cartera en 2012 y se ve obligado a hacer mutis por el foro, ahora que a Rubalcaba le han traído del tinte la capa de Superman. Del patrimonio de la ex ministra lo supimos todo a finales del año pasado: tenía inmuebles por un valor catastral de 259.624 euros y otros bienes que sumaban 301.195 euros, lo que hacía un total de 560.820 euros frente a una deuda de 283.981 euros. En definitiva, no había peligro de que Beatriz se nos muriera de hambre.

Distinto era el caso de Aído, cuyas finanzas no eran para tirar cohetes. Aún así, no hubiera tenido mayores dificultades en buscar acomodo, ya fuera en política, en el movimiento feminista e, incluso, en el sector privado, que las agendas de los ex ministros se siguen pagando divinamente. De la primera y única ministra de Igualdad se han hecho muchas chanzas, pero lo cierto es que logró poner en pie un Ministerio con cuatro euros y sacar adelante una ley del aborto digna de la que este país carecía.

Podrá parecer ingenuo pero a uno le parece que estas dos mujeres han dado un ejemplo de lealtad, ya que es evidente que su extraña permanencia responde a un deseo de Zapatero, que evita así reconocer que se equivocó al crear los Ministerios que ahora suprime. Y también de humildad, porque no son muchos los patrones que consienten ir de marineros.