Tierra de nadie

Dime niño de quién eres

Sobre la reforma del Registro Civil en la que se elimina la preferencia del apellido paterno y se deja que sea el abecedario el que resuelva posibles conflictos caben dos constataciones: la primera es que el proyecto ha recibido críticas muy numerosas; la segunda es que la mayoría de ellas son sandeces. La más idiota de todas alerta de que la norma terminará por eliminar los apellidos cuya inicial pertenezca a la parte más baja del alfabeto, como si ahora no desaparecieran cuando no es el padre quien los transmite. En muchos casos se ha puesto como ejemplo, en alusión al presidente del Gobierno, que Zapatero estaría en peligro de extinción, algo que en su caso se habría evitado si sus padres hubieran tenido la posibilidad de invertir el orden de sus apellidos, tal y como ahora se propone.

Los opositores parten del hecho de que los futuros padres no se pondrán de acuerdo sobre los apellidos que deben llevar sus hijos, lo cual resulta un suposición disparatada. Si dos adultos son capaces de pactar y decidir entre miles de nombres que su retoño se llame Jaime y no Borjamari, ¿por qué van a tener más dificultades a la hora de consensuar el orden de los dos apellidos? Se apunta también que si se permite elegir se perpetuarán los apellidos menos comunes en detrimento de otros como García o Rodríguez –está visto que el presidente se ha cavado su fosa con esta reforma-. Bien, ¿y qué?

Otras de las críticas se refieren a las eventuales problemas que se plantearían en relación a pleitos sobre filiación o herencias, ya que los notarios podrían despistarse si el señor Gómez deja sus bienes a un tal Pérez. Se habla también de dificultades en la identificación de cadáveres, porque al parecer en caso de accidente se suele echar mano del DNI del fiambre para localizar a sus familiares, y vaya usted a saber si ese Peláez que llora es realmente el hijo de Benítez o lo finge. Yo mismo para no complicarle la vida al forense he decidido mantener mis apellidos tal y como están.

Es obvio que el país tiene por delante asuntos más importantes que el de sustituir la actual prelación de apellidos por un criterio igualitario. Por eso no se entiende que haya gente tan preocupada. ¿Creerán que estamos ante otra maniobra de Rubalcaba para que el estancamiento del PIB pase desapercibido? Seguro.