Tierra de nadie

Rajoy guarda el secreto

Cada vez que Rajoy habla alimenta la esperanza de que inadvertidamente, al descuido si se quiere, revele por fin el camino que conduce al final del túnel o, cuando menos, tenga a bien encendernos una bombilla de bajo consumo para que no nos rompamos la crisma entre tanta oscuridad. El gallego, sin embargo, no es de los que se conmueven fácilmente y no hay manera de arrancarle su secreto contra la crisis. Para saber cómo tiene pensado reducir el paro a la mitad de un día para otro y demostrar al mundo que España sigue siendo un gran país, capaz incluso de sobreponerse a Zapatero, exige que se le vote, que es como pagar la cuenta del restaurante antes de hincarle el diente al escalope.

La estrategia del gallego consiste en no hacer ruido y en solemnizar lo obvio. ¿Que cómo sería la Justicia si él estuviera en la Moncloa? Ágil, claro. ¿Y la negociación colectiva? Flexible. ¿A quién beneficiaría su reforma fiscal? A los emprendedores, lógicamente. ¿Establecería techos de gasto y deuda para las administraciones aunque ahora ya existan? Obviamente, porque los techos de Rajoy son más bonitos y si uno apaga la luz ve estrellas fosforescentes. ¿Quién estaría en su Gobierno? Los mejores, naturalmente. Parafraseando a Groucho Marx, el suyo es el programa más bello que hayamos visto en la vida, aunque eso no diga nada a su favor.

Rajoy no quiere que sepamos para que no nos preocupemos. De ahí que sólo nos deje atisbar sus propósitos a través de una escueta mirilla. Su reforma laboral sería otra, cambiaría el sistema de pensiones de otra manera, recortaría el gasto de forma distinta y fomentaría el empleo de modo diferente. Si por casualidad descubrimos sus verdaderas intenciones, como es derogar la ley del matrimonio homosexual, cambia el tiro a toda prisa para no asustar: antes escucharía a la gente, posiblemente a Mayor Oreja, que dice que estas uniones chocan con el sentido común.

Mientras se constata el envejecimiento de la población, es preocupante que algunos políticos nos traten como a menores de edad. Zapatero prefiere ocultarnos si será o no el candidato, justamente lo único que Rajoy está dispuesto a desvelar. Esta gente tiene más secretos que el océano. Dan ganas de decirles que con su pan se lo coman, si no fuera porque el pan con el que juegan es el nuestro.