Opinion · Tierra de nadie

Firma rápido que viene Angela

Bucea uno en el acuerdo que el Gobierno y los interlocutores sociales rubricaron ayer entre los tapices de Moncloa y, salvo el capítulo de pensiones, en el que no queda duda alguna del cuándo, el cómo y el cuánto –menos, por supuesto-, el resto de materias que componen un pacto que el Gobierno tilda de histórico se abordan con muy buena intenciones y con una pavorosa indefinición. Sálvese si se quiere el plan para que los empresarios contraten sin cargas sociales a jóvenes a tiempo parcial y la recuperación de la ayuda de los 426 euros que ahora será menor. Lo demás es un largo fiar, en ocasiones sorprendente. Hay, por ejemplo, un compromiso para elaborar una estrategia de empleo, ya que, al parecer, no existía en un país con casi cinco millones de parados. Otro para fortalecer por enésima vez los servicios del INEM, y así.

Algunos de los compromisos a futuro son cuasi milagrosos, como la pretendida adopción del llamado modelo austríaco con un fondo de capitalización que debe aprobarse en junio para complementar despidos o jubilaciones y fomentar la movilidad geográfica. La diferencia estriba en que aquí no tendrá coste adicional para los empresarios, lo cual implica que o es el Estado el que pone su parte o que cotizarán menos a la Seguridad Social. Un grupo de seis expertos tendrá que decidir cómo se multiplican los panes y los peces.

Existe un acuerdo sobre política industrial, del que leído un par de veces, sólo puede destacarse como novedoso que existían unos observatorios industriales que observaban poco, y otro sobre energía en el que las partes, en una muestra de planificación a largo plazo, aceptan proponer un mix energético para 2035 partiendo del previsto en 2020, se emplazan a revisar el precio de la electricidad por si al Gobierno se le ha pasado alguna ineficiencia y concluyen que el ahorro es bueno. Respecto a la innovación, se acuerda lanzar un fondo de capital riesgo para financiar proyectos innovadores. Habrá dotación pública pero no se especifica la cuantía.

Con el pacto sellado y bajo el brazo, Zapatero se apresta a recibir hoy a Angela Merkel, que viene a pasar revista a nuestros ingenieros más guapos y más versados en la lengua de Goethe. Mucho se tiene que torcer para que la institutriz alemana no certifique que progresamos adecuadamente.