Tierra de nadie

Los pronucleares piden calma

Los adoradores del becerro del átomo están seriamente preocupados por las repercusiones que en su proyecto de nuclearizar hasta los jardines de infancia puede representar el desastre de las centrales japonesas. En llamas sus argumentos sobre la seguridad, en escape sus retahílas sobre lo limpia y esplendorosa que es esta fuente de energía, piden ahora que no haya debates en caliente sobre el asunto, no vaya a ser que los ciudadanos que asisten en directo a la catástrofe de Fukushima y a las evacuaciones masivas de la población de sus alrededores le tomen aprehensión al uranio y a sus derivados.

Lo cierto es que quienes están avivando el debate no son los ecologistas ni esos a los que a un tiempo se califica de progres y retrógrados por oponerse a la modernidad atómica, sino los conversos más recientes a la nueva religión, entre ellos, la institutriz y canciller alemana Angela Merkel. Ha sido ver el humo elevarse y comprender donde estaba su fuego, al punto de paralizar los reactores anteriores a 1980 y aplazar la prórroga de la vida útil de las centrales germanas que tenía planeada. Con una coherencia admirable, envidia de sus socios europeos, Merkel ha proclamado la seguridad de sus 17 nucleares mientras ordenaba comprobar esa misma seguridad por si las fliegen, que es como llamaba Goethe a las moscas de Machado. Lo que doña Angela teme que se escape no es una nube tóxica sino la victoria en las elecciones de Baden-Württemberg, y eso son palabras mayores.

Por las mismas razones que la UE se ha apresurado a debatir sobre cuán invulnerables son sus instalaciones, a los pobres mortales nos asiste el derecho de preguntarnos qué tipo de mentes privilegiadas diseñan un complejo nuclear resistente a terremotos y a maremotos pero pasan por alto que el agua suele hacer saltar los plomos y sin electricidad no hay central nuclear que se refrigere y no colapse. ¿Tuvieron algún olvido semejante en el diseño de nuestras plantas o debemos seguir jugando como si nada a la ruleta rusa? Puede que las energías renovables sean más caras pero, al menos, nos ahorramos el oncólogo.