Opinión · Tierra de nadie

No es copago sino repago

El llamado copago sanitario es un camelo hasta en el nombre, ya que la única forma correcta de definir la acción de pagar dos veces por los mismos servicios es la de repago. Metidos en campaña electoral, convendría pues desterrar tanto esta denominación como la de “Sanidad gratuita”, que es otra gruesa mentira. ¿Cómo puede ser gratuito algo que nos cuesta 70.000 millones de euros al año? En definitiva, la Sanidad no es un regalo sino un derecho que no nos sale barato. Ya puestos no estaría de más erradicar la creencia de que la gente acude a los centros de salud a pasar el día, de ahí que haya que desincentivar las visitas cobrando la entrada. Si alguna vez hubiese sido cierto, se trataría de un tema ya resuelto por las telenovelas de la TDT y por el Carrefour, una atracción turística de primer orden.

Los intentos de racionalizar el gasto sanitario son muy loables, aunque hay que tener algunas premisas claras. La primera es que el coste sanitario tenderá a subir porque tenemos una población envejecida, y la artrosis no ser manifiesta en la pubertad. La segunda es que lo justo es que la Sanidad se pague con los impuestos, de manera que cada cual contribuya al sostenimiento del sistema público según su renta. Cobrar peaje a ancianos con pensiones de miseria es una canallada doble, ya que o les resta recursos o coadyuva a agravar la enfermedad de quienes eluden la atención médica. De momento, se está extendiendo la factura en la sombra, una amable estupidez, no sólo porque ya pagamos la cuenta por adelantado sino porque habrá pacientes que entiendan que se les niega el tratamiento que dispensaron a su vecino por su elevado coste.

Como alguna vez se ha dicho aquí, con los cálculos del Ministerio sobre un canon de 10 euros por consulta y 15 por urgencia el repago apenas sufragaría el 0,85% del gasto sanitario. Del total de dicho gasto, cerca de un 80% es estructural, en la medida en que un 50% se va en sueldos y casi un 28% en la minuta farmacéutica. Una central de compras eficiente para todas las comunidades autónomas ahorraría más dinero que pasar la gorra a un millón de abuelos.