Opinion · Tierra de nadie

Los indignados tienen programa

Además de demostrar cuán desnudos están ante la verdad los dos grandes partidos, la legión de indignados que duermen al raso en varias capitales de España tienen un catálogo de propuestas que van más allá de modificar la ley electoral o exigir democracia interna en las fuerzas políticas. Para entendernos, son tan reformistas como Zapatero, con la diferencia de que, para variar, sus damnificados serían bancos, millonarios y esas grandes empresas que protagonizan despidos en masa mientras presumen de beneficios.

Piden cosas sensatas: que si no hay trabajo para todos, se reparta el existente; que nadie pueda jubilarse más allá de los 65 mientras siga habiendo un paro juvenil de casi el 50%; que se bonifique a las empresas con menos de un 10% de eventuales; que el Estado expropie el stock de viviendas construidas y las coloque en alquiler; que se permita entregar la vivienda en pago de la hipoteca; o que se restablezca el subsidio de 426 euros a todos los parados de larga duración y se aplique realmente la ley de Dependencia.

A los acampados no les instruyen los mercados. Exigen que se aumente los impuestos de las grandes fortunas, que se eliminen las SICAV, que se combata la fuga de capitales a paraísos fiscales, que se prohíban los rescates de bancos, se les deje quebrar o se les nacionalice para constituir una banca pública, y que se regule y sancione sus movimientos especulativos. Pero también claman por la independencia del Poder Judicial, reformando la Fiscalía y estableciendo un nuevo sistema para elegir a los miembros del Constitucional y del CGPJ sin intervención del Ejecutivo. Exigen incluso que se apoye la libertad de información y el periodismo de investigación, aunque en este último caso hubiera que empezar por proteger a los periodistas de los medios en los que trabajan.

El suyo es un programa político completo en el que se insta a contratar médicos y profesores para acabar con las listas de espera y garantizar una educación de calidad; o a restringir el tráfico en las grandes ciudades y abaratar el transporte público. Va a haber que apuntarse a este regeneracionismo.