Opinion · Tierra de nadie

Rubalcaba pide elecciones

A Rubalcaba hay que reconocerle haber sido capaz de presentar el sábado más propuestas concretas en una hora que Rajoy en ocho años, si bien es cierto que el encanto del gallego es el de ser más hermético que un batiscafo y ello le obliga a no arrojar su prestigio por la borda alocadamente. El discurso tuvo la virtualidad de devolver la fe al electorado socialista, que tenían hambre por escuchar algo identificable con la izquierda después de tanto tiempo haciendo de Carpanta en pos de un pollo al que no había manera de hincar el diente. Con el estómago lleno las cosas siempre se ven de otra manera.

Saciado el apetito, sería absurdo confundir a los invitados a este banquete ideológico para salvar la cara al anterior cocinero. Pues claro que lo que expuso Rubalcaba es una política distinta a la seguida hasta la fecha, y precisamente por eso es una corrección global a los potajes de Zapatero. Pretender justificar que todo se ha hecho bien y que si ahora se introducen cambios es porque estamos en un tiempo distinto, como quien en verano se pasa a las ensaladas por el calor, equivale a proclamar que la socialdemocracia es una prenda estacional que a veces hay que guardar en el armario con bolas de naftalina para que no se apolille.

Todas las recetas de Rubalcaba, incluida la tasa a esos bancos en crisis que, sin embargo, no han dejado de tener beneficios, hubieran podido aplicarse hace un año, cuando teóricamente el tiempo era otro y llovían chuzos de punta. ¿Qué impedía entonces promover una nueva ley electoral, gravar a las grandes fortunas o recuperar para el Estado el control del urbanismo? ¿Qué mano negra impedía dotar de más flexibilidad al contrato a tiempo parcial o fomentar nichos de empleo en sectores distintos al de la construcción?

Como nada se oponía a estas medidas entonces y nada se opone a ellas ahora, sería incomprensible prolongar artificialmente la vida de un Gobierno que no está dispuesto a poner este programa en marcha. No es ya el PP el único que exige elecciones anticipadas. El candidato socialista las reclama a gritos. Es de esperar que Zapatero le haga caso.