Opinion · Tierra de nadie

La venturosa era del PP

Hay cosas que jamás esperaríamos del PP, como ese déficit oculto de 1.742 millones de euros en facturas sin pagar que María Dolores de Cospedal se ha encontrado en los cajones. Se dirá que en 2004 el PSOE tuvo que rehacer las cuentas del Estado para aflorar más de 11.000 millones de euros (la deuda de Andalucía, la de Renfe, la de RTVE, avales a Argentina y otros ajustes menores que sumaban 2.750 millones), pero sería injusto decir que los populares ocultaran el déficit sino sólo que no lo contabilizaban. El matiz tiene su importancia.

Con el PP podemos estar tranquilos porque su pasión por la transparencia es proverbial. Véase si no el caso de Aragón, donde su nueva presidenta Luisa Fernanda Rudi, cuyo sueldo como presidenta del Congreso siempre fue un secreto de Estado, se dispone a levantar las alfombras para que se conozcan todas las pelusas que ocultaban. No ha lugar a hacer lo mismo en Valencia o en Murcia ya que, como todo el mundo sabe, son regiones de clima tan benigno que hace tiempo que sustituyeron los tapices por mármol de Carrara, que no es que sea más barato aunque si muchísimo más limpio y da menos calor.

Conociéndoles, los populares no consentirán tampoco espectáculos poco edificantes en la televisión pública, empeñada ahora en dar protagonismo a Rubalcaba por eso de que ha dejado el Gobierno y se ha convertido en candidato, a diferencia de los medios privados que han pasado de puntillas sobre el tema. El nuevo modelo televisivo del PP ya se ha puesto en práctica en el ente público de Castilla-La Mancha, con el nombramiento de un director nada significado políticamente y sin ninguna experiencia empresarial, un detalle menor pese a que su principal cometido declarado sea sanear los balances para acometer una privatización que la ley no permite.

El nuevo panorama político presagia cambios trascendentales. Donde antes había despilfarro, ahora habrá austeridad; la demagogia se trocará en rigor y la crisis en prosperidad. Hasta la corrupción tiene los días contados en esta nueva y venturosa era en la que todos viviremos más años, incluidas las centrales nucleares.