Tierra de nadie

Monumentos a la corrupción

Con motivo del bicentenario de la independencia, se ha levantado en México una torre de más de cien metros de altura recubierta de placas de cuarzo que iba a llamarse Estela de Luz pero a la que se ha cambiado el nombre por el de Monumento a la Corrupción, tras desvelarse que ha costado 62 millones de euros. Tan incuestionable como que México nos gana en corrupción es que aquí los monumentos son mucho más económicos. El que se erige en honor de Carlos Fabra en el aeropuerto sin aviones de Castellón está presupuestado en 300.000 euros, algo que ha podido conseguirse gracias a que de la gigantesca cabeza de la estatua sólo sale un avión y se ha evitado reproducir una americana de cuyo bolsillo emergiera un billete de lotería.

A falta de carísimos monumentos que la recuerden, la corrupción nos es tan cotidiana que ayer coincidió el arranque de la quinta semana del juicio a Francisco Camps con el inicio de la vista contra Jaume Matas, espejos en los que en algún momento Rajoy dijo haberse mirado para dibujar lo que sería su forma de gobernar el país. No hay que tenérselo en cuenta al presidente, que si compartió francachelas con el balear es porque es hombre distraído, y cuando se enteró de que más de 40 dirigentes de su partido en las islas estaban empurados por corrupción ya era tarde para actuar.

Matas siempre ha pensado en grande. Prefería los palacetes a los pisos, los muebles estilo Luis XV a las estanterías del Ikea y, si era menester dotarse de escobillas del váter, se las agenciaba chapadas en oro a 350 euros la pieza. En éste su primer juicio se le acusa de haber dorado el riñón al periodista de cámara que le hacía los discursos, aunque en realidad llegó disponer de un periódico de cámara, con cuyo director jugaba al pádel y defendía una piscina que ya es un símbolo de la unidad de España.

Afortunadamente, la corrupción tiene las horas contadas porque en esto el programa del PP era inflexible: "La lucha decidida contra la corrupción será un esfuerzo prioritario con un claro reflejo legislativo e institucional". Ya no hay de qué preocuparse; estamos en buenas manos.