Tierra de nadie

Viaje con escalas de Suiza a Ponferrada

Con la moción de censura de los socialistas en Ponferrada al PP le ha venido a ver un rato el Espíritu Santo, que ha hecho escala en Génova antes de pasarse por Roma, donde hoy está citado con el colegio cardenalicio al completo. Para apartar siquiera momentáneamente los focos del culebrón Bárcenas hacía falta un milagro o que Rubalcaba se vistiera de lagarterana. Pues bien, por si fallaba la paloma, ha habido también traje regional.

Existe amplio consenso en que pactar con un acosador el Día de la Mujer es del género tonto, pero permitir que el expartido que le ha amparado te saque los colores es de una estulticia celestial. Permitan sólo unos datos: Carlos López Riesco, el alcalde del PP al que se ha desalojado, es el hijo político de Ismael Álvarez, el acosador, y era a él a quien debía el puesto. De hecho, ha debido ser el único que no le ha echado en cara en estos días su condena, entre otras cosas porque declaró a su favor en el juicio y porque no dejó pasar ni dos años para proponer que un centro público de la zona llevara el nombre de Ismael Álvarez, en homenaje al sujeto.

Del mentado, como es bien conocido, se deshizo en elogios Ana Botella, que le calificó como "hombre impecable", el hoy presidente del Senado, Pío García Escudero, le agradeció su "valor político" y el conjunto de concejales del PP no dudó en mostrarle apoyo público y declarar que dijeran lo que dijeran los jueces el intachable Ismael siempre sería su alcalde. No hubo ministra, diputada o concejal conservadora a la que se escuchara levantar la voz contra el acosador, que a punto estuvo de ser canonizado. Con estos antecedentes, Esteban González Pons se ha lanzado estos días a impartir lecciones de ética al PSOE, en abierta demostración de que se puede tener más cara que espaldas aunque uno sea ancho de hombros.

El caso de Ponferrada es paradigmático porque compendia tres de las formas más novedosas de hacer frente a los escándalos políticos sin asumir ninguna responsabilidad por lo sucedido. La primera es la excusa del líder en la inopia, estrategia que ha popularizado Rajoy con la trama Gürtel y la contabilidad B del PP, y que ha encontrado en Ana Mato una discípula tan aventajada que bien podría compatibilizar la cartera de ministra con la delegación del Gobierno en Babia. Se resume en tres palabras: "No me consta". Por ese alambre ha caminado Rubalcaba con un funambulismo digno del Cirque du Soleil: no estaba al tanto de los detalles pero en cuanto se enteró por los periódicos de la letra pequeña ordenó "rectificar y punto".

La segunda es la petición pública de perdón, cuya patente obra en poder del Rey tras su paquidérmica batida de Botsuana. Se comparece ante la prensa con cara compungida y se implora indulgencia, como ha hecho obviando el atrezzo de las muletas Óscar López, el secretario de Organización de los socialistas. Requiere estar muy seguro de dar pena pero siempre se puede hacer por carta, fórmula ésta, la epistolar, elegida por la presidenta de Navarra, Yolanda Barcina, para pedir clemencia por cobrar dietas dobles y triples de Caja Navarra y compensar así su raquítico sueldo público.

Desde aquí se accede más fácilmente a la tercera fase, la del agua pasada no mueve molino, que puede complementarse con el no volverá a ocurrir, aunque no es obligatorio. Puede traducirse como aquí no dimite ni Dios ni en defensa propia. Ello explica que, tras la moción de Ponferrada, López mantenga su puesto en la Ejecutiva socialista o que Julio Villarrubia siga siendo el secretario general del PSOE de Castilla y León, pese a haber sido uno de sus promotores y pese a que, en líneas generales, Castilla se la trae al pairo y León también.

Para asuntos más comprometidos sigue funcionando la patada hacia delante o, más concretamente, el "déjemos que los tribunales hagan su trabajo", que algunos como Duran i Lleida acompañaron del "dimitiré si esto se demuestra" cuando, en realidad, lo que quería decir era que no dimitiría ni a tiros.

Últimamente y para los casos imposibles, el PP, bajo los auspicios de su avestruz en jefe, ha recurrido a la alta tecnología. Es la famosa ‘monitorización de la crisis’, que consiste en comparecer ante la prensa en un monitor de plasma de 40 pulgadas para que te vean bien pero no te hagan preguntas. A ello ha recurrido María Dolores de Cospedal después de su memorable imitación de Groucho Marx a cuenta del "salario diferido" de Bárcenas. Se consigue así que la crisis no te pase factura pero de eso, de que nadie te pase facturas, en el PP hay una gran tradición histórica.

Pueden echar pestes de algunos de los políticos que nos han tocado en suerte a cambio de que reconozcan sus habilidades: su capacidad de superviviencia es semejante a la que tuvieron los primeros paramecios para prosperar en el magma primigenio. Su mérito es aún mayor considerando que el Espíritu Santo no siempre está disponible para hacerles una visita. Se bastan a sí mismos, no como los cardenales.