Tierra de nadie

Dos años y un día con Rajoy suena a condena

Avalando la teoría de que más que un Gobierno hemos tenido una condena, dos años y un día después de su victoria electoral Rajoy ha hecho balance y perspectiva de su paso por la Moncloa en una dulce entrevista en RNE. Escuchar al presidente tiene más peligro que la música de Wagner, que ya decía Woody Allen que media hora bastaba para que a uno le entraran ganas de invadir Polonia. Una perorata mariana conduce inexorablemente a la certeza de que algo muy malo hemos tenido que hacer para merecernos esto.

El universo de Rajoy puede dividirse en varias categorías. Están, por ejemplo, las cosas que no sabe, como por ejemplo, si las cuchillas que ha colocado en la valla de Melilla tienen efecto para las personas. El presidente ignora si los inmigrantes se cortarán con el acero pero como su intención es no hacer daño ha pedido un informe, así que todos tranquilos.

Tampoco sabe cuándo empezarán a sentir los ciudadanos la proclamada recuperación porque esa es la pregunta del millón y no estamos para concursos. ¿Más ajustes? Pues quizás sí, pero no como los de ahora. ¿Cambio de Gobierno? Pues casi seguro que no, pero después de Navidad quién sabe. ¿Bajará el IVA? En 2014 no y en 2015 no lo cree, aunque Dios dirá. Y así.

Luego están las cosas que entiende que son muy importantes. Veamos: es muy importante tener un sistema de pensiones seguro y para eso le ha metido la mano en el bolsillo a los jubilados. Es muy importante crecer y mejorar los ingresos y quien diga lo contrario miente. ¿La educación? Importantísima, casi lo que más. ¿Y la Formación Profesional? La duda ofende. Es muy importante emprender "y si fracasas una vez no pasa nada". Es muy importante tener buenas relaciones con EEUU, con Reino Unido y, por supuesto con Aznar, que ahora son estupendas y en el futuro serán esplendorosas.

Un tercer grupo son las cosas que no le gustan. No le gustó incumplir su programa electoral y subir impuestos pero a la fuerza ahorcan. Tampoco le ha gustado la sentencia del Prestige, porque el Gobierno hizo todo lo que pudo y alguien tendrá que ser responsable de los malditos hilillos de plastilina. El fallo de Estrasburgo sobre la doctrina Parot lo tiene aborrecido. Y de la crisis territorial de Cataluña qué queremos que nos diga. Pues que no le gusta ni un pelo, pero que no está dispuesto a romper ni la soberanía nacional ni la vajilla de Moncloa.

No nos olvidemos de las cosas que no son lo que parecen. ¿Rescate a la banca? Era un préstamo. ¿Intenta la futura ley de Seguridad Ciudadana acallar las protestas sociales? No, sólo evitar que se quemen contenedores. ¿Quiere el PP privatizar la Sanidad? En absoluto, sólo dar un mejor servicio. ¿Proteger a Bárcenas? Pudiera parecerlo, lo que pasa "es que en 2009 uno tiene unas informaciones y luego tiene otras".

Finalmente, están las cosas de las que no se habla, y menos en una entrevista de encargo en la radio pública. No eran horas para hablar de sobresueldos ni de extenderse sobre la corrupción en su partido, casi tan galopante como el aumento de la pobreza, sobre la que mejor no opinar. Mejor no decir nada de los recortes de derechos embozados en la capa de las reformas estructurales porque lo fundamental es que este 2014 bajará el IRPF que él mismo había subido. Rajoy nos lo tiene prometido.