Tierra de nadie

Lo de Rajoy sí que tiene delito

Es bien sabido que en lo que al cumplimiento de la ley se refiere el Gobierno y el PP son inflexibles. En eso no admiten bromas. Es detectar una transgresión, por mínima que sea, del Código Penal, del Civil o del de Hammurabi y encaminarse alguno de sus dirigentes como alma que lleva el diablo hacia el juzgado de guardia más próximo para denunciarlo, porque a la derecha genéticamente la ilegalidad le subleva.

Sería prolijo enumerar los casos que han llegado de esta forma hasta los jueces. De no haber sido por el PP hubiéramos vivido ajenos a la corrupción que nos rodea pero afortunadamente teníamos a estos superhéroes con corbata que no han pasado ni un soborno, especialmente los que afectaban a su partido. Y quien dice corrupción, dice también otros delitos menos comunes en España, desde el vandalismo a la tala de árboles, desde la caza furtiva a la calumnia.

Ningún presunto delincuente ha podido estar tranquilo porque a la que se daban la vuelta allí estaba un ministro o un concejal del PP para levantar acta de que no había recogido la caca del perro. El país ha tenido inscrita en la parte amarilla de la bandera esta leyenda del jurisconsulto Ulpiano para que se viera mejor y pareciera que sabemos latín: Honeste vivere, nemimen laedare, suun cuique tribuere (Vivir honestamente, no dañar a otro, dar a cada uno lo suyo). El imperio de la ley a nuestro lado no pasa de ser una república bananera.

Con estos antecedentes se entiende la desazón de los conservadores por la votación del 9-N en Cataluña, que, si no sedición, ha tenido que ser ultraje, y si tampoco ha sido ultraje pues rebelión, traición, apartheid o crimen de guerra. Es fácil imaginar a los líderes populares mesándose los cabellos, preguntándose si la razón del silencio de Rajoy era porque se había pasado con la siesta o porque él mismo estaba escribiendo de su puño y letra el nombre de los más de dos millones de personas a las que había que denunciar como cómplices necesarios de Artur Mas, que ni que fuera Miguel Blesa para seguir paseándose por las Ramblas impunemente.

Llevada por la lógica impaciencia, Alicia Sánchez Camacho ya adelantó que la fiscalía actuaría contra Mas, y si no dio la hora exacta en la que se presentaría la querella fue para que no se creyera que el ministerio público es una marioneta del Gobierno, algo que a nadie se le hubiera pasado por la cabeza conociendo la proverbial autonomía del fiscal general del Estado, ya que decir independencia sería mentar a la bicha.

Para hacer público y notorio que el presidente ya no dormía, al mediodía y al estilo de la Virgen de Fátima, Rajoy se apareció a los medios de comunicación en una comparecencia extraordinaria que alienta las sospechas de que la tele de plasma se ha roto y está por ver que siga en garantía. Lo que al menos se ha confirmado es que no ha sido necesario pagar un nuevo discurso al escribiente de guardia sobre la cuestión catalana porque ha sido idéntico al que ha repetido en los últimos meses con el único añadido del fracaso de la votación y la consiguiente contribución de algún matemático de cabecera: si un tercio ha votado es que dos tercios no lo han hecho. Exacto.

Rajoy respeta mucho la autonomía de la Justicia –que lo de independencia ya se ha dicho que suena mal- y ni se le ha ocurrido decir al fiscal si tiene que pedir inhabilitar a Mas o que le apliquen el garrote vil. Sus afirmaciones de que el 9-N "ha sido una ilegalidad y punto" o de que se ha celebrado "incumpliendo la resolución del Tribunal Constitucional" hay que tomarlas, en consecuencia, a beneficio de inventario.

Sólo alguien completamente despierto es capaz de enunciar el nuevo trabalenguas presidencial: "Yo no soy nadie para decir a la Justicia lo que tiene que hacer y nadie es nadie para decirle lo que no tiene que hacer". Bajo este cielo enladrillado, Rajoy ahondó más en la cuestión: "Desconozco lo que el fiscal va a hacer; he leído lo mismo que ustedes".

En definitiva, aquí no ha pasado nada, es un fracaso que sólo 2,3 millones de catalanes hayan metido una papeleta en las urnas porque los otros son más, España es la casa de todos, el paro es preocupante, soy un tío sensato que no manda tanques al Paseo de Gracia y diálogo todo, pero a ser posible de fútbol. Son las tablas de la ley de la Moncloa. Lo de Rajoy sí que tiene delito.