Opinion · Tierra de nadie

El ‘casting’ anticorruptos de Aguirre

La factoría de ideas de Esperanza Aguirre, donde siempre se trabaja a destajo y sin sindicatos que te monten huelgas, ha patentado un método revolucionario de detección de corruptos que podría ser la solución definitiva al problema. Consiste en un casting tipo Gran Hermano donde varios examinadores del partido altamente cualificados someten a un test de la verdad al candidato a ocupar un cargo público. Ante semejante prueba del algodón sobre la honestidad, no habrá escapatoria para los delincuentes camuflados ni paz para los malvados.

El sistema recuerda al famoso formulario de entrada a Estados Unidos en el que se pregunta al viajero si es terrorista, genocida, nazi, espía, saboteador, narcotraficante, o drogata, si se lo monta con una ardilla o si, simplemente, está como las maracas de Machín. El FBI es muy discreto y no ha proporcionado la estadística correspondiente pero nadie duda de que gracias a este cuestionario el país es más seguro y se ha evitado la entrada de miles de indeseables.

La primera en someterse a este calvario ideado por la lideresa ha sido la aspirante a sustituir a Agustín Juárez, el alcalde de Collado Villaba detenido en la Operación Púnica, uno de esos cargos que le salió rana a Aguirre y escapó a su ojo clínico de cazatalentos profesional, aunque ahora es unánime la opinión de que Juárez era y es un figura.

Mariola Vargas, que así se llama la elegida, estuvo impecable. A la pregunta de si tenía cuentas en Suiza respondió que no y a la de si estaba en política por dinero, dijo que perdía 1.000 euros al mes. La actual concejala se ‘desnudó’ ante la concurrencia: nunca había cobrado comisiones ni se lo habían propuesto “quizás porque en mi ámbito de competencia es complicado”; su patrimonio es “paupérrimo” y su familia, un encanto; no tiene antecedentes penales y ni ella ni su marido, que rehabilita fachadas, ha trabajado para su ayuntamiento. Cuando contestó que no era “un perro judío” a la pregunta de si decía la verdad, a nadie le cupo dudas de que pasaría el corte. Otra cosa hubiera sido que optara al cargo de embajadora en Israel.

Por si la cosa no fuera ya suficiente difícil para la opositora, en esta primera edición se permitió la presencia de periodistas para que formularán, si así lo deseaban, cuestiones por escrito convenientemente cribadas por los examinadores. Todo un reto culminado con éxito. Si en el futuro Mariola se desvía del buen camino y se lleva la recaudación municipal a casa pediremos responsabilidades a los informadores. ¡Que le hubiesen preguntado si sabía abrir cajas fuertes, que Aguirre no puede estar en todo!

Con iniciativas de este tipo no habrá indecente que se nos escape porque les veremos venir a la legua. La presidenta del PP de Madrid les ha declarado la guerra a muerte, y si ha tardado los 30 años que lleva en política en pedir que los partidos hagan públicas sus cuentas o que los imputados por corrupción vayan directamente al trullo sin fianza es porque el belicismo le produce urticaria. Como todo tiene un límite, se han acabado los paños calientes, especialmente ahora que la señora quiere ser alcaldesa de Madrid para bajarnos el IBI y ver las estupendas vistas que ofrece la ciudad desde la Cibeles.

Si hace unos años, así de sopetón, un tribunal del PP hubiese preguntado a Luis Bárcenas o a Francisco Granados si tenían cuentas en Suiza –basten estos dos ejemplos para no hacer interminable la lista- habrían cantado de plano antes de derrumbarse. Nos habríamos ahorrado dinero y disgustos. Ya puestos, y para que no se diga que hay favoritismos, lo conveniente sería examinar también al candidato a presidente del Gobierno, aunque para Rajoy un test de esta naturaleza no revestiría especial dificultad. “La segunda, ya tal…” Ese es mi Mariano.