Opinion · Tierra de nadie

Golpe de estado en el PSOE

Si el griterío obedece a causas objetivas, en el PSOE se habría puesto en marcha una operación para laminar a su alto y guapo secretario general, a cuyos mandos estaría la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, con algunos barones avivando las calderas y con las bendiciones fantasmales de quienes fueron y ya no son, especialmente Zapatero, que cuando estaba ocupado ya fue un peligro para su partido y ahora que tiene tiempo libre parece estar dispuesto a no dejar la faena inacabada.

De ser cierta, la maniobra contra Pedro Sánchez rozaría lo insólito ya que se trataría de un golpe de estado urdido por quienes hace menos de seis meses facilitaron su elección en detrimento de Eduardo Madina, que partía como favorito en las primarias internas y al que la movilización del aparato convirtió en la más bella flor de un día. En el futuro quienes sacralizan el voto directo de la militancia en oposición al poder arbitrario de las estructuras deberían analizar el caso por si todo lo que reluce no es democracia interna.

Puede que Sánchez no sea Castelar y que, como es evidente, ni siquiera tenga coleta, pero parece obvio que en un espacio de tiempo tan corto no es posible determinar si su elección fue un acierto o –como se pretende trasladar ahora- el mayor error de la historia de los socialistas.

Poco o nada hay en la corta trayectoria política de Sánchez que haya podido herir la sensibilidad de los jóvenes brontosaurios de la organización, más allá de su propuesta de cambiar el artículo 135 de la Constitución como por otra parte exige una abrumadora mayoría de los votantes del partido. Esa idea genial de Zapatero de anteponer el pago de la deuda pública a las necesidades de la población cavó la tumba del PSOE unos cuantos cientos de metros en dirección al centro de la Tierra, lo que explica que a los que por allí deambulan les esté costando un mundo salir a la superficie.

Ni siquiera cabe encontrar en el nuevo secretario general contradicciones ideológicas respecto a la etapa anterior, ya que buena parte de su actuación se ha basado en los documentos que se parieron en la última conferencia política, cuando su antecesor Rubalcaba proclamaba que el PSOE había vuelto y muy barnizado de izquierda.

Cabe suponer por tanto que su gran pecado ha tenido que ser telefonear a Sálvame y convencer a Jorge Javier Vázquez de que votara al PSOE o, quizás, colgarse con Calleja de un aerogenerador, lo que, siendo pintoresco, no excede de la lógica necesidad de hacerse presente en los programas de televisión con más audiencia.

Descartada la discrepancia programática y su singular proyección mediática como causas de su caída en desgracia, el intento de descabalgarle por lo civil o por lo militar, que, según parece, en esto último están, sólo se explicaría por el ansía de unos y otros en conservar sus minifundios de poder y sus ridículas influencias.

Aquí sí que puede estar la madre del cordero y la de todo el rebaño. Varios de los que en su día formaron parte de la ‘happy party’ de Zapatero, criticados entonces por su cercanía a la insustancialidad más absoluta, se creen hoy estadistas con capacidad para denunciar el escaso peso específico del núcleo de confianza de Sánchez. A otros, como a Pepe Blanco, debe de haberles sabido mal el fin de los privilegios, en particular que el PSOE haya dejado de pagar la factura de sus abogados por el ‘caso Campeón’ cuyo montante se cuenta y no se cree. ¿Será culpable Sánchez de que Carme Chacón, anclada en su quiero y no puedo, siga sin darse cuenta de que nunca podrá?

Son ellos y algunos dirigentes territoriales muy pendientes de que no se les acabe el chollo tras los comicios de mayo los que, con las mismas, han vuelto sus ojos hacia la reina del sur, Susana Díaz, que aunque fuera porque la influencia árabe se sigue haciendo notar en Andalucía tendría que tener presente el proverbio de que nadie puede saltar más allá de su propia sombra.

Sin embargo, halagada por unos y por otros y con el poder que da controlar a la federación más importante del partido, que eso sí que lo borda, la presidenta andaluza lleva tiempo mirándose en el espejo mágico del cuento de Blancanieves. De momento, su gran aportación al debate de ideas ha sido reconocerse parte de la casta de fontaneros, que vienen a ser como los descamisados de los que hablaba Alfonso Guerra pero con formación profesional.

En medio de todos ellos, está el ya citado Zapatero, que hoy mismo reconocía en una entrevista en la Cadena Ser haberse reunido con Pablo Iglesias a iniciativa de Bono, que organizando reuniones secretas sigue siendo un hacha, como bien saben Felipe González y Baltasar Garzón. Para Sánchez, al que casi ha retirado el saludo, y que estratégicamente está obligado a no dejarse comer el pastel del centro izquierda por el nuevo partido, el encuentro ha tenido que producirle tanta satisfacción como a los simpatizantes de Podemos contemplar como su líder también puede dialogar con un expresidente de la casta a la hora de la merienda.

El pistoletazo de salida para apodar ‘el breve’ a Pedro Sánchez sería la convocatoria de elecciones en Andalucía para el próximo mes de marzo y confiar en el desastre de los socialistas en las elecciones municipales y autonómicas. Puede que todo sea demasiado patético como para ser verdad.