Opinion · Tierra de nadie

Criminales con chupete

A diferencia de lo que ocurría cuando el PP estaba en la oposición, la muerte de un profesor en Barcelona a manos de un alumno de 13 años no ha reabierto el debate sobre la edad penal de los menores, un asunto del que el propio Rajoy hizo bandera y que derivó en una proposición de ley para rebajarla desde los 14 a los 12 años. Aquello, según explicaba el hoy presidente, no era una ocurrencia sino una “necesidad social”, que al parecer ha desaparecido porque ayer mismo el Gobierno afirmaba que el tema no está sobre su mesa.

La iniciativa era un disparate que no se tenía en pie y respondía más a ese populismo punitivo al que el PP se había abonado para conseguir votos y que bien podría haber conducido a establecer la responsabilidad penal de los menores en el mismo momento en el que fueran destetados. Como muestra, algunos ejemplos: el pasado mes de diciembre un niño de dos años liquidó a su madre en un supermercado tras hacerse con el arma que llevaba en el bolso; en enero, un niño de cinco años mató a un bebe de nueve meses al creer que la pistola con la que le apuntaba era de paintball; en abril, quien disparaba el gatillo era un niño de tres años contra su hermano de uno. Y así. Todos ellos son casos reales de Estados Unidos que podrían haber sucedido en cualquier parte.

Ni entonces existía ni existe ahora un clima de inseguridad causado por menores de 12 y 13 años, que si cometen actos violentos lo hacen en proporción ínfima respecto a los atribuidos a menores de entre 14 y 18 años. Es más, entre éstos últimos la criminalidad también ha descendido drásticamente. Con datos de 2013, 17.444 fueron condenados por algún delito o falta, la cifra más baja de los últimos cuatro años y un 19,1% menos que en 2010. De las 25.814 infracciones penales, el 64,5% fueron delitos, y de ellos, el 41,6% robos, el 12,9% lesiones y sólo un 9% delitos de torturas y contra la integridad moral.

Tan absurdo como cambiar la ley es determinar qué es lo que conduce a un menor a liarse a tiros o a machetazos. Los llamados expertos manejan un amplio abanico de causas para explicar a priori la psicopatía, y si antes se citaba a los padres o a la ausencia de valores, ahora se incluye indefectiblemente a la violencia televisiva y a los videojuegos. Existen tantas posibilidades de que un atracón de Xbox fabrique un asesino en potencia como que a uno le den ganas de invadir Polonia escuchando la música de Wagner, algo que le pasaba a Woody Allen pero sólo con El anillo del nibelungo.

Habrá acciones que se expliquen por el entorno y otras por la propia naturaleza del protagonista, porque, todo haya que decirlo, hay niños que son bastante cabrones. La realidad es que son tan pocos los casos de crímenes cometidos por menores de 14 años que es posible recordarlos por su nombre. No estamos rodeados de asesinos sanguinarios vestidos con pantalón corto y los Rafitas y los Rabadanes son terribles excepciones.

La ley vigente del año 2000 daba un buen motivo para establecer la edad penal en los 14 años: “Las infracciones cometidas por los niños menores de esta edad son, en general, irrelevantes”, mantiene,  y en los escasos supuestos en que produzcan alarma social puede dárseles adecuada respuesta en los ámbitos familiar y asistencial, “sin necesidad de la intervención del aparato judicial sancionador del Estado”. Nada ha cambiado aunque haya quien se empeñe en que la responsabilidad penal deba existir desde la guardería.