Opinion · Tierra de nadie

Rivera se examina en Madrid de higiene democrática

Si la corrupción es un cáncer que tiene al PP muy malito, el avance del mal en Madrid y Valencia sólo puede diagnosticarse como metástasis. Ha sido tal la dimensión del pillaje, tan descomunal ha sido la rapiña, que todo apunta a una connivencia activa del partido con los saqueadores, sin que sea posible distinguir al microscopio una célula sana en este entramado infeccioso. No hay cirugía capaz de extirpar lo que ya es una septicemia incurable.

La propagación se ha producido con un silencio ominoso, sin que nadie en la organización diera la voz de alarma ante el latrocinio que tenía lugar ante sus propias narices. Ha habido bandidos y cómplices, malhechores y encubridores, rufianes y alcahuetes. Es imposible salvar a alguien de esta trama cuasi mafiosa sin asignarle a una nueva categoría: la de tontos del culo. Pocos habría tratándose de gente tan preparada y tan principal.

Las elecciones del 24 de mayo han venido a ser en cierto modo un chute de quimioterapia democrática, especialmente en Valencia, donde se está oficiando el entierro de toda una recua de golfos a los que las urnas han dado el pasaporte. En Madrid, sin embargo, la medicina ha funcionado a medias, por lo que existe la posibilidad nada remota de que la degeneración prosiga su curso.

A poco más de una semana de los comicios, ya se ha conocido la imputación del número siete de la lista autonómica del PP, Álvaro Ballarín, el troceador de contratos, íntimo amigo de la candidata Cifuentes y uno de los múltiples padrinos del pequeño Nicolás, a la que se han sumado la de dos de los actuales consejeros en funciones, Salvador Victoria y Lucía Figar, dentro de este carrusel interminable de enjuagues y mordidas.

En Madrid tiene Ciudadanos la oportunidad de demostrar si su discurso contra la corrupción es real o si, por el contrario, estamos como muchos piensan ante una renovada versión del mismo perro con diferente collar. Permitir que el partido que ha sustentado esta red de delincuencia institucional se mantenga en el poder e impedir que tras dos décadas de absoluta impunidad se levanten las alfombras de la Puerta del Sol sería indicativo de su compromiso con la higiene y la regeneración que tanto preconiza.

Rivera tiene un perfil envidiable, sobre todo el derecho, pero mantener indefinidamente esa pose tan de moneda es incompatible con el discurso que ha convertido a Ciudadanos en la cuarta fuerza sobre el cadáver aún caliente de UPyD. Si esa pretendida nueva forma de hacer política con la que ha atraído a casi un millón y medio de votantes consiste en servir de báculo a los depredadores, el suflé no tardará en desinflarse. Habrá que dar la razón entonces a los que sostienen que el Ibex 35 estaba en la cocina de Ciudadanos, aunque por lo visto lo suyo no sean los postres.