Tierra de nadie

Paseo por Venezuela

La tentación de visitar del parque de atracciones de Caracas se ha vuelto tan irresistible que en los últimos días no se ha dado abasto ante tanto político español empeñado en subirse a sus coches de choque, como si aquí no hubiera suficientes norias, pasajes del terror o trenes de la bruja con los que empujar la adrenalina hasta las nubes. No se entiende que, precisamente ahora, algunas aerolíneas hayan decidido dejar de volar a Venezuela cuando el único riesgo era el overbooking.

No hay que pensar, sin embargo, que sea éste un destino turístico recién descubierto. De hecho, fue muy frecuentado por el propio Felipe González a finales de los 70 del siglo pasado, cuando el PSOE era apenas un embrión, estaba tieso de fondos y el entonces presidente Carlos Andrés Pérez decidió apadrinar a ese sevillano tan simpático en plan inversión a medio plazo. Hace 20 años se extendió incluso el rumor de que González se había montado un rancho en Venezuela y mi periódico de entonces me envío a descubrirlo, como si la cosa fuera tan sencilla como preguntar la dirección a un municipal de la Avenida Rómulo Gallegos. Bueno, a eso y a ver si de paso pillaba a Luis Roldán al descuido, ya que también se especulaba con que el fugado exdirector del Guardia Civil se escondía por esas latitudes.

Ni de Roldán ni de la finca supe nada, lógicamente, pero ya puestos pude conocer a quien decía ser el piloto de Carlos Andrés Pérez, un tipo elegante con el que quedé en el hall de un hotel del centro de Caracas y que nada más llegar se sacó un pistolón del pantalón y se sentó sobre él con el evidente riesgo de volarse las pelotas. El caballero en cuestión recitó de memoria la matrícula del reactor y contó cómo había trasladado a González por los países de la zona recaudando supuestamente dinero para el PSOE, algo que dedujo por los maletines que en cada escala subían al aparato. El relato era tan estupendo como incomprobable. ¿Que si la adjudicación de Galerías Preciados al venezolano Gustavo Cisneros fue parte del pago por aquellos favores? Pues vaya usted a saber.

A diferencia de González, que reconvertido en defensor de los opositores venezolanos presos no pudo rendirles visita en la cárcel, un servidor entró sin mayores problemas al retén judicial de El Junquito, donde estaba recluido el propio Carlos Andrés Pérez tras ser encontrado culpable de malversar unos cuantos millones de dólares de los fondos reservados en ayudas a la presidenta de Nicaragua Violeta Chamorro. Fue llegar a la puerta, explicar a los uniformados que me enviaba el PSOE desde España para presentar mis respetos al expresidente y acceder al interior, no sin antes estamparme un sello en el dorso de la mano como el que ponen en las piscinas y en las discotecas para entrar y salir sin problemas.

En El Junquito tenía el exmandatario, "preso político", según me dijo, una celda muy especial. No es ya que dos guardaespaldas armados vigilaran a la entrada, sino que el interior era casi un chalecito con patio interior en el que se servían pistachos a las visitas. Disponía Pérez de un par de televisores y dos frigoríficos bien abastecidos, por lo que es seguro que no pasó hambre. Fue amabilísimo pero no estaba para confidencias, así que no era plan de abusar de su hospitalidad. No tardaría mucho él tampoco en abandonar el bungalow.

El viaje me permitió conocer también a un militar recién salido de la cárcel, donde había ido a parar tras el golpe de Estado de 1992. Se llamaba Hugo Chávez y se pasaba entonces la vida recorriendo el país dando mítines en una larguísima campaña que le convertiría en 1998 en presidente de Venezuela. Le vi en un mercado en Caripito y me pase un día entero hablando con él de Bolívar y de sus planes para llegar al poder, junto a un ex campeón del mundo de boxeo, Esparragosa (creo que del peso pluma) que le hacía de chófer.

Llegados a Chávez cabe preguntarse qué hay de cierto en las acusaciones de que Venezuela ha financiado generosamente a Podemos para exportar el chavismo a España, razón por la que el país es ahora es como el Parque Warner de la política española y el centro de la precampaña electoral. Lo aclararán o no los tribunales, aunque en justicia hay que decir que el resto de los partidos tendría que abstenerse de la lapidación porque ninguno está libre del pecado de haber recibido dinero del exterior para su implantación.

Por seguir con el PSOE, pocos recuerdan un viaje de Alfonso Guerra a Bagdad en 1979, donde fue recibido por Tarek Aziz, mano derecha de Sadam. ¿Qué hacía don Alfonso visitando las fortificaciones que se usarían en la guerra irano-iraquí y qué hacía una delegación del partido Baaz iraquí en el XXX Congreso del PSOE allá por el año 1984?

Si irnos tan lejos en el tiempo, tampoco conviene olvidar la relación del pulcro y centrista Alberto Rivera con el ultracatólico y ultraderechista Declan Galney, ese irlandés forrado del que recibió un pastizal para presentarse a las europeas de 1999. "Cuando se pone sobre la mesa esa cantidad de dinero (se hablaba de entre dos y tres millones de euros) te lo planteas. Es uno de los parámetros que hemos tenido en cuenta", reconocía el propio Rivera para justificar la alianza de Ciudadanos con Libertas. ¿Saben lo que decía entonces Arcadi Espada, intelectual de cabecera de la cosa? "Esta coalición es un epitafio. Han creado un paquebote de losers. Una deriva grotesca que les alía con lo peor de la nacionalismo europeo. Con la hez europea. Y todo por una persona sin capacidad de análisis político ni ético".

Dinero alemán regó hasta empapar a los partidos de todo el arco parlamentario. Hubo para todos y con objetivos claros, ya fuera para cortar el paso al comunismo, para acelerar la entrada de España en la OTAN (posiblemente también para evitar su salida) o para acomodar el régimen constitucional español al alemán. La Fundación Ebert destinó al PSOE las donaciones de dinero negro del empresario Friedrich Karl Flick, condenado en Nuremberg como criminal de guerra nazi, y que había sobornado a todos los partidos del Bundestag a cambio de beneficios fiscales. Y a AP, como reconocería su entonces secretario general, Jorge Verstrynge. La Konrad Adenauer hizo lo propio con UCD y luego con el PDP de Oscar Alzaga. La Friedrich Naumann a los liberales de Garrigues y a la propia Esquerra Republicana de Catalunya. La Hanns Seidel, vinculada a la CSU de Strauss, se ocupó de la Alianza Popular de Fraga. Allá por el año 1984, Xabier Arzalluz declaraba sin rubor lo siguiente: "Yo no voy a lanzar piedras contra nadie pero pienso que los poderes existen y actúan. Y que quien más y quien menos ha recibido ayudas de su Internacional, del KGB, de la CIA, del señor Gadafi o de otras vías menos presentables".

Detengámonos en la Fundación Hanns Seidel, que ha sido el báculo de la derecha española desde que en 1977 abrió oficina en España y mas adelante ayudara a crear el Instituto de Estudios Sociales, que es donde AP formaba a sus cuadros. Una información del diario El País de octubre de 1986 daba cuenta de lo siguiente:"Alianza Popular pedirá ayuda económica a los ‘amigos alemanes’ de la Unión Social Cristiana (CSU), que dirige Franz Josef Strauss, para afrontar las campañas electorales de los comicios municipales y autonómicos de 1987. Los problemas financieros centraron el lunes la reunión de la Junta Directiva de Alianza Popular, en la que se llegó a decir en tono jocoso que ‘hay que institucionalizar el sablazo’ como medio para paliar la crisis económica por la que atraviesa el partido". Y a fe que lo hicieron.

Como se ve, lo de la financiación extranjera no se inventó ayer ni en Venezuela. Se dirá con razón que aquellos eran otros tiempos en los que estaba en juego cimentar la democracia, aunque sea lícito preguntarse si los planos de lo que se construyó eran originales o susurrados.

La obsesión de Ciudadanos, el PP o el propio PSOE con Venezuela es legítima. Puede que los políticos presos de allí sean en efecto presos políticos, pero su número es mayor, según datos de Amnistía Internacional y sin que nadie se rasgue las vestiduras, en Colombia, México o Cuba, donde por cierto el presidente gallego Núñez Feijóo se ha reunido estos días con Raúl Castro sin acordarse de la disidencia de la isla. Puede que sea necesario recordar a los españoles cada media hora que en Caracas falta el papel higiénico para que hagan acopio de scottex por si gana Podemos, aunque la mierda circundante que nos tiene rodeados, tal que el paro o la corrupción, aconsejaría otros temas de debate. Demos la bienvenida a Venezuela a la campaña pero con perspectiva.