Tierra de nadie

El abogado millonario del Rey

Mucho más que a la propia infanta, cuya incapacidad para enterarse de algo le hace difícil apreciar sus estados de ánimo, la absolución de la hermana del Rey ha convertido a Miquel Roca en el tipo más feliz del mundo. Su euforia, un éxtasis indescriptible que le ha hecho levitar de satisfacción –y se supone que también de orgullo-, es comprensible. El fallo ha devuelto a Roca esa órbita geoestacionaria en torno al planeta dinero, del que viene siendo un satélite de ultimísima generación.

Siempre a la sombra de Pujol, que el molt honorable pese a ser bajito era peor que un eclipse, Roca cambió de religión cuando comprobó que lo del poder se le resistía. Empujado a los acantilados de una operación que debía hacer del centro reformista una alternativa de Gobierno -fracaso directamente proporcional a su cobardía- y descuadernado por otro embate, el de su malogrado asalto a la alcaldía de Barcelona, el padre de la Constitución decidió hacerse millonario a toda costa desde su bufete de abogados, misión que ha venido completando con gran éxito de crítica y público.

A Roca no le costó trabajo rentabilizar su agenda de contactos. Quienes en otro tiempo le ayudaron a abastecer las arcas de Convergència, de cuya financiación nunca fue ajeno el secretario general, se convirtieron en clientes. Se sumaron rápidamente los que entendieron que lo mejor para franquear las puertas de la Generalitat era confiarse a quien seguía conservando las llaves. Y les siguieron quienes durante años usaron su presencia en Madrid como la ventanilla de sus demandas, lobbies agradecidos que no tardaron en hacerle socio distinguido del club.

Roca Junyent Asociados creció como la espuma y se transformó en un ejército de cerca de 250 abogados con oficinas en Barcelona, Madrid, Lleida, Girona, Palma de Mallorca y hasta en Shangay. Que el fundador del tinglado, oxidado en lo que al Derecho se refiere, fuera incapaz de distinguir entre un recurso de queja y uno de apelación carecía de importancia. Un tipo que se permitía el lujo de declinar la oferta para ser ministro de Exteriores cuando el estadista con bigote hablaba catalán en la intimidad del hotel Majestic no necesitaba ningún conocimiento jurídico para inspirar confianza.

Le llovieron los cargos y la pasta. Consejero de Endesa y ACS, secretario del consejo del Sabadell, de Abertis, de Typsa o de Wenfenlife, dentro de un largo etcétera, su máquina de hacer caja ha sido la envidia del mundo mundial. Para engrasarla, no ha dudado en amoldar su ideología a los tiempos cambiantes. De padre de la Constitución y catalanista moderado a independentista de nuevo cuño, con vuelta atrás incluida, por eso del que el negoci és el negoci.

Especialista en nadar y guardar la ropa, el conflicto catalán le abrió un boquete en el casco porque se ha llegado a un punto en el que hasta para Roca es imposible estar en misa y repicando. ¿Cómo tomar partido sin tomarlo? ¿Cómo seguir siendo el coloso de Rodas con una pierna en las Ramblas y la otra en la Castellana sin que cedan ruidosamente las costuras de la entrepierna?

La oportunidad le llegó con la defensa de la hija del campechano monarca, ejercida en realidad por uno de sus asociados, el penalista Jesús Silva, del bufete Molins & Silva, casualmente integrado en su holding pocos meses antes de que el emérito padre de la criatura le confiara el caso. Lo de ser abogado del Rey jubilado es una manera de reconciliarse a lo grande con los ricos españoles aunque cause el natural recelo entre las elites catalanas, que consideran una traición que Roca proclame que la absolución de la infanta es la prueba de que la justicia es igual para todos.

"Miquel, sabes que no es verdad, y además a mucha gente estas palabras nos resultan desoladoras viniendo de ti. Qué pena", le espetaba un dolido Francesc Homs, pendiente del fallo del Supremo por su participación en la consulta del 9-N. Los que conocen a Roca esperan que sepa zurcir el descosido y que, como acostumbra, vuelva a alzarse con el santo y la limosna. Esa y no otra es la especialidad de su bufete.