Tierra de nadie

Susana nos ama

Tras su puesta de largo en el Parque Jurásico y su entrevista de anoche en televisión ya como precandidata, Susana Díaz sólo ha dejado claro una cosa: nos ama y su amor por el PSOE y por España es tan incondicional e inabarcable que sobran otras consideraciones. Quienes criticaban que el discurso de Díaz fuera un conjunto vacío se equivocaban en lo del conjunto. El amor nunca tiene razones y no se le iba a pedir a su encarnación que las explicara. Tampoco puede ocultarse. Es como la tos, que dicen los italianos.

Esta costurera enamorada es la gran defensora del Cretácico socialista, el PSOE de siempre, ese Museo de Ciencias Naturales que no se resigna a que un puñetero meteorito les extermine con lo bien que se vive de dinosaurio. Es esperanza de vida y hasta de Triana. Es la cruz de Darwin y de sus disparatadas teorías evolutivas. Nada ha de cambiar para que todo siga igual, que lo de cambiar todo viene siendo muy arriesgado.

El amor como proyecto político trasciende a las ideologías. A los militantes del PSOE no les interesa saber si su futura lideresa se conducirá por la izquierda en los cruces, si pactará con Ciudadanos o será el báculo del PP, si tiene en mente una reforma fiscal para distribuir mejor la riqueza o si ha encontrado una solución al problema territorial de España, que no va uno a perder el tiempo en los detalles. Lo importante no es tanto que comprendan como que sientan. El amor es fe y a los creyentes no hay montaña que se les resista.

La reina del sur es una madre y su amor, esencialmente el propio, se le agrupa en el costado como el dolor al poeta. De ahí que no se le pueda pedir que renuncie a sus hijos, ahora que pretende adoptarnos a todos y ser la madre de Andalucía, la de España y hasta la del cordero. No es apego al sillón ni ansia de poder. Es amor de madre, tan sublime que no admite medias tintas. Es la mano que mece la cuna.

En torno a este prolífico vientre, el socialismo cuaternario se ha agrupado en la única lucha final que conoce, que es la de su propia supervivencia. Díaz aspira a gobernar desde la victoria, aunque sigamos sin saber muy bien para qué. Quiere ganar, ganar y volver a ganar. Es una madre, sí, pero se da un aire a Luis Aragonés. Será por el peinado.