Tierra de nadie

Cuando los eucaliptos de tu vecino veas quemar…

A la pregunta de si un incendio tan mortífero y devastador como el que asola Portugal puede producirse en España contestaba este martes en La Voz de Galicia Tomás Fernández Couto, director general de Ordenación Forestal de esa comunidad: "Con nuestro operativo, si se cumple la ley, sería difícil ver en Galicia un caso como el de Portugal", afirmaba. ¿Cuál es el problema entonces? Pues que aquí el incumplimiento de la ley es "flagrante" o, dicho en positivo, su cumplimiento es "anecdótico", según el propio Fernández Couto. En resumidas cuentas, que cada cual hace de su capa un sayo, que nadie respeta la prohibición de plantar pinos, acacias y eucaliptos a menos de 10 metros de las carreteras y de 50 metros de los núcleos de población, donde deberían existir otras especies que rompieran los fuegos de copas, y que, en condiciones similares de temperatura y viento, la tragedia estaría servida. Siempre nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena y cuando una tormenta ígnea devora todo lo que sale al paso.

El abuso del eucalipto es un tema recurrente. Lo trajo desde Australia a mediados del siglo XIX un misionero benedictino, Rosendo Salvado, natural de Tuy y defensor de los aborígenes frente a los abusos de los conquistadores británicos. Pero fue durante la dictadura franquista –a partir de los años 40 y masivamente en las décadas de los 60 y 70- cuando empezó a usarse en repoblaciones, fundamentalmente en Galicia y la cornisa cantábrica pero también en Andalucía, con Huelva a la cabeza, por su rápido crecimiento y su aprovechamiento industrial.

En el caso concreto de Galicia, las previsiones de su Plan Forestal de 1992 contemplaban que en cuarenta años las plantaciones de eucalipto alcanzarían las 245.000 hectáreas. A día de hoy, el arbolito australiano ocupa 425.000 hectáreas, 145.000 de ellas mezclado con pino y roble, es decir casi un 80% más de lo previsto hasta 2032. La ley de Montes de 2012 intentó contener la plaga prohibiendo su cultivo en las inmediaciones de las casas, en los márgenes de los río y en las áreas protegidas por su especial interés paisajístico. Y recientemente la Xunta ultimaba un decreto para evitar la ‘eucaliptización’ de Galicia, en el que por primera vez iban a prohibirse repoblaciones de eucaliptos junto a especies autóctonas –castaños, robles, hayas…- cuando éstos representen ya un 30% de la masa arbórea total. Ni que decir tiene que el intento está contando con la oposición frontal del sector maderero, que ha puesto pie en pared o, mejor dicho, en tronco.

Aquí está el quid de la cuestión. La explotación forestal representa cerca del 10% del PIB de Galicia que, con un 8% de la superficie nacional arbolada, concentra casi la mitad de las cortas de madera de todo el país. El sector facturó a los aserraderos, que dan empleo directo a más de 9.500 personas, más de 400 millones de euros en 2015. Y la estrella de esta orgía de serrín es el eucalipto, que acaparó más de la mitad de todo el aprovechamiento maderero.

Sobrevolando el negocio del eucalipto está Ence, la papelera a la que Rajoy prorrogó con el Gobierno en funciones la concesión de su fábrica en la ría de Pontevedra durante 60 años. La firma gestiona grandes masas forestales y se define a sí misma como líder en celulosa de eucalipto, con una capacidad de producción de 930.000 toneladas al año, que en un 85% se exporta a Europa. Es también la primera del ranking en producción de energía renovable con biomasa, una actividad que ha llenado de eucaliptos no sólo el monte sino también terrenos agrícolas que en origen servían de cortafuegos. Son fáciles de imaginar las presiones de la compañía para que la prohibición de nuevas plantaciones sea orillada.

Tras el incendio de Portugal a la papelera le ha faltado tiempo para proclamar que el eucalipto español, a diferencia del portugués, no se quema. Ence asegura que, tras repasar las memorias del Ministerio de Agricultura del período 2000-2013, la incidencia media anual de los incendios afectó sólo al 1% de la superficie de eucalipto. Pero no sólo eso. La empresa se ha servido de otro informe, el de la Confederación de Organizaciones de Silvicultores de España (COSE), para subrayar que en el norte de Galicia, donde se concentran las mayores superficies de eucalipto, los fuegos son "prácticamente inexistentes". La Asociación Forestal de Galicia, integrada en COSE, es un importante proveedor de eucalipto para Ence.

Sería muy conveniente extraer lecciones del drama portugués, ahora que aún estamos a tiempo. No se trata sólo de contener la proliferación de estos cultivos y realizar una selvicultura de prevención en el monte. Urge sancionar a quienes se pasan la ley por el forro y, en su caso, hacer pagar a los incumplidores los costes de extinción y exigirles las responsabilidades penales que pudieran derivarse de su negligencia. Cuando los eucaliptos de tu vecino veas quemar…