Opinion · Tierra de nadie

La mujer del César

Se suponía que desde que César repudió a su santa por las dichosas apariencias la política había elevado el listón de sus exigencias, pero aquí somos más de Egipto que de Roma y del ande yo caliente y ríase la gente. De ahí que haya costado tanto convencer al nuevo presidente del CIS, José Félix Tezanos, de que su intención de compatibilizar el cargo con su puesto en la Ejecutiva del PSOE era estéticamente impresentable, por eso de que la cocina de la demoscopia pública ya recibe bastantes críticas como para derramar conscientemente un salero completo sobre cada uno de sus platos. A lo Pompeya, Tezanos ha hecho mutis de Ferraz, no sin antes murmurar muchas tonterías sobre los juicios a las ideas, los judíos y los gitanos.

Es verdad que la costumbre hispana de hacer capas con sayos es ancestral y que independencia es un término polisémico que significa lo que a uno le dé la gana en función del que gobierne. Es hipócrita, por tanto, rasgarse las vestiduras con Tezanos cuando hemos tenido un presidente del Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, que era militante con carnet del PP y, lo que es más extraño, al corriente de pago; por la cúspide de los distintos organismos reguladores han pasado exministros, exsecretarios de Estado y exdiputados del PSOE y del PP; al frente de la televisión pública ha estado hasta hace poco un hooligan de los populares al que Bárcenas regaba de sobres; y en el propio CIS han dejado su impronta quienes luego serían ministras como Rosa Conde o Pilar del Castillo o quienes ya llegaron al cargo con la consanguinidad puesta, como Ricardo Montoro, hermano de esa luminaria de Hacienda llamada Cristóbal.

Existía una tradición por la que casi ha sido obligatorio el sectarismo para que no quedara lugar a dudas sobre quién había colocado a quién y a quién debían el cargo los elegidos. Tan polisémico como independencia, el término regeneración ha venido a significar relevo, sustitución y remplazo, cambio de collares, en definitiva, aunque la esperanza de que implique justamente lo opuesto a degeneración nunca se pierda.

Rodrigo Tena, que además de notario y profesor de Derecho Civil es asesor jurídico de Ciudadanos, algo que es conveniente saber pero que no invalida su criterio, ha escrito un artículo acertadísimo sobre la razones por las que Tezanos no puede dirigir el CIS pese a que, como él mismo se atribuye, sea una eminencia catedrática en esto de los sondeos. Para entenderlo basta con establecer la diferencia entre Gobierno y Administración, encargado el primero de dirigir a la segunda pero obligada ésta a mantener la apariencia de neutralidad a la hora de servir a los intereses generales.

En consecuencia, siendo aceptable que un ministro pueda pertenecer a la Ejecutiva de un partido no lo es que el presidente del CIS ostente esa responsabilidad, por el evidente riesgo -a prevenir- de que el ungido, aun sin quererlo conscientemente, ponga la institución al servicio de sus intereses partidistas. Las apariencias determinan en gran medida la legitimidad, algo en lo que César estaría completamente de acuerdo.

Únase a esto la irrefrenable voluntad dinamitadora de algunos apóstoles de la opinión pública, que ya han atribuido a Tezanos el descenso del pesimismo respecto a la situación política reflejado en la última encuesta del CIS -realizada con anterioridad a que tomara posesión en el organismo-, para concluir que existían mejores maneras de compensar por los servicios prestados al catedrático, hoy sanchista y durante muchos años sociólogo de cabecera del guerrismo.

Ni oportuno ha sido su nombramiento ni elegante su manera de justificar su pretensión inicial de ser, al menos sobre el papel, juez y parte. Tantos libros y monografías sobre la estructura social, las desigualdades y la sociología política y del trabajo no han servido a Tezanos para aprobar la ampulosa asignatura de las comparaciones. “No sé si es malo que un socialista sea presidente del CIS. ¿Si un comunista es presidente del CIS también es malo? ¿Y si es un podemita también será malo, como dicen algunos? ¿Y un judío también sería malo? ¿O un gitano? ¿De qué estamos hablando?”, se quejaba afectadísimo por haber tenido que renunciar a seguir en la dirección del PSOE.

¿Pondría Tezanos a un zorro a vigilar su gallinero por mucho que se le prometiera que es vegetariano y de Santander, como es su caso? Porque justamente de eso es de lo que estamos hablando, de la naturaleza del escorpión y no de su etnia, de su religión o de sus creencias políticas. Las ranas ya no se fían de sus altruistas y preparadísimos barqueros, como es natural. Lo dicen las encuestas.