Opinion · Tierra de nadie

Al rescate de Impune I

Nuestros espías son unos mandados. Sólo investigan lo que se les pide y con una orden judicial de por medio, que por menos hay quien ha acabado en la trena. Ilegalidades ni una, faltaría más. Si por algo se distinguen nuestros agentes secretos es por su escrupuloso respeto a las normas y a las directivas y porque nunca han dado que hablar en el vecindario. Ante todo profesionalidad. El concepto es el concepto.

Félix Sanz Roldán, el jefe de nuestros aguerridos 007, acudía este miércoles a puerta cerrada al Congreso para explicar qué hay de cierto en las grabaciones del comisario Villarejo a Corinna, ardorosa amiga de Impune I, en las que la tintada rubia revelaba la pasión por las mordidas de su emérita enormidad, su presunta red de blanqueo de capitales y sus tres supuestos compinches en la trama. A ciencia cierta Sanz Roldán no sabía nada porque, según dijo, para saberlo sus chicos tendrían que haber investigado al Borbón y para hacerlo tendrían que haber sido mandatados por un juez en uno de esos días que se atreven con todo. Pero por ciencia infusa aseguró que todo era más falso que un máster de la Rey Juan Carlos.

En las comisiones de secretos oficiales existe el riesgo de que los diputados se vayan luego de la lengua y los secretos dejen de serlo. Para evitarlo, los comparecientes que no pueden escribir un libro y contarlo todo -que sigue siendo en este país la mejor forma de poner las confidencias a salvo-, se limitan a no contar nada, algo que sus señorías suelen agradecer encarecidamente. ¿Que qué pasó en esta ocasión? Pues que se repitió el procedimiento. El general es profesional, muy profesional.

Aun así, no todo fue perder el tiempo. Sus palabras confirmaron que todos los Gobiernos han estado al corriente de los líos de faldas del anterior jefe del Estado, una carga de trabajo colosal que hubiera requerido de un ministerio específico. De hecho, si el jefe de los espías se vio en 2012 en Londres con la novia del jefe del Estado fue por orden de Zapatero, que pudo haber estado torpe en detectar la crisis pero no para afrontar amenazas a la seguridad nacional. Hasta allí se fue Sanz Roldán al rescate, no sin antes informar del viaje a Impune I, que acababa de romperse la cadera y la corona cazando elefantes en Botsuana con Corinna de carabina. Peor habría sido que se hubiera roto la pelvis.

Según tuvo a bien explicar el del CNI fueron cinco horas de conversación de las que no dijo nada, más allá de negar que hubiese proferido amenazas a la serenísima alteza alemana como ella misma afirmó tres años después en las cintas con Villarejo y Juan Villalonga, el compañero de pupitre de Aznar. Un caballero de Cuenca como él jamás osaría dispensar trato semejante a una dama, y la prueba era la botella de champán del caro que Corinna le había enviado en prueba de infinito agradecimiento.

Hasta ahí podía leer el responsable de nuestros anacletos, no sin antes acusar a Villarejo de urdir un chantaje y de desmentir que mister alcantarilla fuera uno de sus agentes encubiertos para hacerse con documentos que obrarían en poder de Corinna sobre las actividades blanqueadores del Emérito.

Para el PSOE aquello era más que suficiente. Los socialistas tenían pensado no apoyar una comisión de investigación sobre el padre del Rey hasta que las ranas criaran pelos y, tras escuchar a Sanz Roldán, han decidido apoyarla cuando den peras los olmos. Todo ha quedado felizmente aclarado. En los próximos días se espera incluso que el Emérito vuelva a Mallorca a darle a la vela y se haga realidad aquello de que el Bribón ya está en la isla. El concepto es el concepto.