Opinion · Tierra de nadie

La ‘viuda’ de Suárez es míster Concordia

Como la Ley de Memoria Histórica es “irresponsable e innecesaria”, reescribe sectariamente el pasado y desentierra lo que le da la gana, Franco incluido, Pablo Casado ha propuesto este fin de semana una Ley de Concordia que reponga en los altares a la Transición, donde hubo libertad sin ira como nos cantaba Jarcha. Se ignora si el PP pretende imponer la concordia por ley y multar a los discrepantes, que sería lo más cómodo y efectivo, pero ya se sabe quién será la punta de lanza de este ambicioso plan de reconciliación nacional: la ‘viuda’ de Suárez, su hijo Adolfo Suárez Illana.

A Suárez Illana le ha reservado Casado la presidencia de una nueva fundación que, en buena lógica, se llamará Concordia y Libertad, cuyos objetivos declarados son debatir sobres los grandes retos de España y elaborar una ambiciosa agenda reformista y transformadora, además de conseguir que este joven de 54 años presida por fin algo que no sea su comunidad de vecinos.

Sin ignorar sus tragedias personales y esa batalla que ha librado contra el cáncer que ya se cobró dos víctimas en su familia, Suárez Illana es el ejemplo de cómo hacer de su apellido una forma de vida estupenda. Tras fracasar en sus intentos de ser militar, torero, político y duque, porque ahí donde le ven ese símbolo de la concordia quiso desheredar a su sobrina Alejandra del título que legítimamente le correspondía con el argumento de que hubiera sido la voluntad de su padre que él lo utilizara en sus tarjetas de visita, podría decirse que su gran éxito en la vida fue convertirse en el yerno del ganadero Samuel Flores, además de ser reconocido como una de las más reputadas escopetas nacionales.

El PP lo ha venido utilizando para demostrar lo cerca que estaba del centro político, como si el hecho de contar con un Suárez entre sus filas, que para más inri se llama Adolfo, fuera la prueba del algodón de su posición en el tablero. Lo hizo primero Aznar convirtiéndole en candidato en Castilla- La Mancha, y ahora es Pablo Casado quien repite la jugada. Y Suárez Illana, que si es algo es porque su padre lo fue todo, ha consentido con gusto el manoseo que le devuelve periódicamente a los titulares y le permite aparentar ser lo que jamás hubiera sido.

Del ideario político de míster Concordia se conocen algunos datos que él mismo desgranó hace unos meses en un foro de directivos de Andalucía. A saber: la Constitución es la repera y nos ha dado cuarenta años de paz; la ‘nueva política es muy vieja; Ciudadanos no es fiar porque votó junto a la izquierda a favor de que las menores puedan abortar sin permiso de sus padres; Pedro Sánchez tampoco es de fiar porque no sabe definir qué es una nación; la mejor forma de frenar a los partidos nacionalistas es cambiar la ley electoral para que no estén en el Congreso; el problema catalán se arregla con un bloque constitucional fuerte y con la Alta Inspección de Educación; y si los políticos son corruptos es porque la sociedad también lo es.

Junto a todo lo anterior, respeto, mucho respeto, que es su fórmula magistral para arreglar el país. Según dijo, si él fuera presidente –todo una ramalazo freudiano- no podría formar gobierno porque nadie estaría dispuesto a que su honor se mancillara a diario. ¿La solución? Expulsar de los partidos a quienes insulten a sus adversarios, algo que, de entrada, dejaría despoblado al PP y le despejaría el camino. Ya lo saben: la concordia no se trabaja; se impone.