Opinión · Tierra de nadie

Las Manadas nos aburren

Quizás la culpa sea nuestra y de ese mortal aburrimiento que nos embarga ante la sensación del déjà vu. O de esos medios de comunicación que, como explicaba Kapúscinski, se mueven como rebaños de ovejas y están más interesados en ganar a la competencia que en contar lo que sucede. En cualquier caso no se explica que hechos que provocan una indignación social inmensa sean acogidos con indiferencia cuando se repiten.

Es lo que ha ocurrido con una sentencia de la Audiencia de Lleida, calcada a la de la Manada, que ha condenado por abusos y no por agresión sexual a dos hombres que violaron en agosto de 2017 a una joven en la parte trasera de una discoteca al entender que, pese a que la víctima se negó y les pidió llorando que parasen, no hubo violencia ni intimidación. Los acusados han sido condenados a cuatro años y seis meses de cárcel y no a los quince que reclamaba la fiscalía.

Los jueces consideran probado el relato de la víctima y su carácter vulnerable por la ingesta de alcohol y ansiolíticos, del que se prevalieron sus agresores. Sostienen que ello debilitó su capacidad de defensa y que hizo innecesario el empleo de violencia para forzarla. Aun así entienden que el contexto no era “especialmente intimidante” por el mero hecho de que la joven sólo se percató de la presencia de los dos hombres cuando el segundo de ellos, tras un “ahora te toca a ti”, la violó y le obligó a hacerle una felación.

Una vez más la interpretación de la ley que hace el tribunal es lacerante para las mujeres, que necesitan aportar sangre y desgarros para probar la violación. Si como en este caso, la víctima conocía a uno de sus agresores y reconoce que inicialmente correspondió a su beso da igual lo que pase a continuación. Puede que, como en Pamplona, alguno de los juzgadores vea jolgorio y regocijo o que, como en este caso, se descarte el delito continuado porque cada violación se cometió por separado.

Cabe preguntarse dónde están ahora las manifestaciones espontáneas de entonces, dónde han escondido las fuerzas políticas su rabia, dónde está el seguimiento incesante de los medios y el rasgado de vestiduras de sus tertulianos. También sería oportuno inquirir sobre esa comisión de expertos a la que se encargó reformar la tipificación de los delitos sexuales en el Código Penal que, a mediados de este mes, acordaba incorporar el término violación a la nueva redacción después de seis meses sin reunirse. Esa es la urgencia con la que se iba a actuar para proteger a las víctimas.

Y esta sigue siendo la manera de actuar de una Justicia insensible y reiterativa, tal que la propia Audiencia de Navarra, donde el mismo tribunal del caso de la Manada ha considerado “maltrato ocasional” y no tentativa de homicidio en el caso de un hombre que, en presencia de sus hijos de tres y seis años, atacó con un cuchillo a su mujer e intentó estrangularla hasta casi matarla. Todo resuelto con diez meses de cárcel, una condena inferior incluso a la de dos años que, alternativamente, pedía la defensa. Los ‘Prendas’ de este país deben de estar encantados con la magnanimidad del sistema y con nuestra indolencia.