Opinion · Tierra de nadie

La oreja de Jenkins y el himno a todo trapo

Viendo que con este Gobierno no se puede contar y que reconquistas como las de Vox suelen demorarse siete siglos, la Armada española ha decidido tomar cartas en el  asunto de Gibraltar y declarar una guerra sin cuartel contra los moradores de la Roca. La primera escaramuza ha tenido lugar esta semana con una patrullera, la infanta Elena, navegando frente a sus costas y haciendo sonar el himno nacional a toda pastilla, en abierta demostración de que estamos dispuestos a todo y que esta vez no nos pararán ni los elementos.

La maniobra puede parecer infantil pero algo parecido se ha venido practicando en Guantánamo, donde a los presos, además de obligarles a vestir como repartidores del butano, se les martirizaba con canciones de Marilyn Manson y Eminem para martillear sus tímpanos y su yihadismo. Aquí hemos empezado por el himno, que es como una primera andanada, pero tenemos en la santabárbara discos enteros de Manolo Escobar y del Fary preparados para percutir en los oídos de los llanitos y arruinar cualquier esperanza de alto el fuego.

El Reino Unido trata ahora de esclarecer los hechos antes de emitir una queja formal, no tanto por la música ambiente sino por entender que la corbeta navegaba por sus aguas jurisdiccionales. Fuentes de la Armada, por su parte, justificaban la temeraria acción sonora con el argumento de que el enemigo había emitido antes el God Save de Queenpor el canal 16, reservado a la comunicaciones marítimas de emergencia. Es decir, que ellos habían disparado primero.

El episodio recuerda a la famosa guerra de la oreja de Jenkins, un capitán inglés muy pirata que denunció a un marino español por haberle seccionado uno de sus cartílagos a las bravas y amenazarle con cobrarse el mismo trofeo de la cara de su británica majestad. Desde Londres se dispuso una temible escuadra de 180 navíos y más de 20.000 hombres al mando del almirante Vernon para vengar la afrenta y ya de paso tomar Cartagena de Indias. Con sólo seis barcos y una guarnición de 3.000 hombres, Blas de Lezo, cojo, tuerto y manco, derrotó a las ingleses sin necesidad de himno pero con la ayuda de la fiebre amarilla y de una frase que ahora se le discute: “Todo buen español debería mear siempre en dirección a Inglaterra”.

Precisamente por mear fuera del tiesto, el capitán de la corbeta española podría ser expedientado al caer en una provocación y responder a lo loco con el himno a todo trapo, lo que daría la razón a los que consideran a nuestro chunda chunda casi un arma de destrucción masiva. A los españoles de bien no pueden sino conmovernos estos actos de heroísmo acústico de nuestra Armada invencible aunque, afortunadamente, hace tiempo que dejamos de ser novios de la muerte y cambiamos de pareja.