Opinion · Tierra de nadie

Se nos jubila Francisco

Si la hagiografía con la que se ha hecho despedir en el semanal de El País se ha cumplido, Francisco González, adicto a la puntualidad además de al dinero, habrá llegado esta mañana a las ocho en punto a la sede del BBVA y las puertas se habrán abierto a su paso hasta la planta 16 donde tiene su despacho. El banquero pronunciará en sus reuniones del día alguna frase enjundiosa del estilo “¿cómo organizamos el mundo?” y al final de la jornada estará ya dispuesto a hacerse un Cofidis y proclamar aquello de “éste soy yo con 79,7 millones de euros”, que es la pensión que se lleva este abnegado jubilado al bolsillo.

Nadie quería creer que este día podría llegar porque desde 2007 el broker que Aznar colocó al frente de Argentaria no había hecho otra cosa que modificar los estatus del banco para esquivar el retiro. Su misión no había concluido y eso es algo que no entendieron los consejeros delegados que tuvieron que hacer las maletas, bien es cierto que llenas de billetes, cuando comprobaron que ni el agua hirviendo era capaz de moverle de la silla.

González, o así se nos cuenta, es un visionario de la digitalización que ha preparado el BBVA para un futuro que sigue sin llegar, pero cuando lo haga se entenderá por qué hoy la entidad vale en Bolsa casi  15.000 millones de euros menos que cuando tomó las riendas allá por 2001 o las razones por las que sus principales inversiones han sido ruinosas pero estratégicas. Los accionistas que hoy le despiden alcanzarán entonces a comprender el significado de la frase más gloriosa del reportaje-entrevista de Prisa a este cerebro privilegiado de la banca: “Cuando dice sí es porque vislumbra beneficios”.

Cualquiera con algún atisbo de humanidad lamenta este tipo de despedidas y no puede sino acompañarlas de pañuelos de silencio y guitarras llorosas mientras el barco se hace pequeño al alejarse en el mar. Es difícil imaginar cómo este pobre multimillonario verá transcurrir las horas a partir de ahora, sabiendo además que el golf sólo consuela un ratito antes del aperitivo en el club. Pero hasta en eso ha pensado FG quien, por sorpresa, se hacía nombrar presidente de honor del banco y de su fundación en el último consejo del año.

Así que nuestro héroe no se retirará del todo, vigilante siempre, la guardia alta, atento a los movimientos de su sucesor Carlos Torres el “genuino”, dicho sea palabras del designado, no fuera a ser que le diera de verdad por dirigir un banco y no una compañía tecnológica y destruyera la obra de su antecesor dándole al delete. Junto a él, el turco  Onur Genç, co-starringde la película en el papel de consejero delegado, y al que habrá que ponerle subtítulos hasta que aprenda español.

González, “tronco inclinado hacia delante” marcando el rumbo, “cráneo despejado, con el cabello blanco de las sienes humedecido”, «nariz prominente”, “gesto adusto”, se quita la americana marrón de Bruno Cucinelli y se nos desnuda. Un banquero –nos dice- no puede tener amigos; las personas que se suicidaron por los desahucios le producen “mucha tristeza”; la entrada en la cárcel de su amigo Rato le hizo sentir “mucha pena”; ¿De derechas? En absoluto. “Me gusta la democracia y el libre mercado”. ¿Religioso? Sí, pero no mucho. ¿Frugal? Por supuesto. Con todo, lo mejor es su ejemplo a esos muertos de hambre que han vivido por encima de sus posibilidades: “No tengo hipotecas bancarias (….) Desde que me casé todo lo he pagado al contado. Y si no lo tengo al contado –lo dice un hombre que no se ha descalzado en los últimos tres lustros por menos de cinco millones de euros al año-, no me lo compro”. Alucinante.

Se nos va y se nos queda un triunfador, un hombre hecho a sí mismo, un ejemplo para el mundo de las finanzas, un espíritu 5.0 o más si cabe en la placa base, el tipo que soñó con la banca móvil petrificado en la poltrona, un banquero irrepetible que ni siquiera ha dado que hablar por la obscenidad de su pensión multimillonaria. Dan ganas de que vuelva a cambiar los estatutos del BBVA para que continúe un quinquenio más y abrir una cuenta en el Santander por si lo hace.