Opinión · Tierra de nadie

El PP ha vuelto

Entre responder a las felonías independentistas y alcanzar a Vox en el medallero oficial de los Juegos Olímpicos de la derecha vive el PP un inicio de año frenético, que está poniendo a prueba el alcance de esa nueva política sin complejos llamada a dar grandes satisfacciones a su parroquia. No es que el PP hable ahora más claro sino que incluso pretende tocar más alto, como ha demostrado su secretario general Teodoro García Egea, un diamante en bruto descubierto por Casado en lo más profundo de las minas de Cieza.

El murciano ha decidido plantar cara él solo al separatismo catalán en una demostración de arrojo sin precedentes. A la evidente provocación de Puigdemont y su felicitación de año nuevo a los presos de Lledoners con una interpretación al piano de La saeta de Serrat, García Egea ha respondido golpe a golpe y al órgano con las notas del himno nacional. El número dos del PP es una caja de sorpresas. Puede sacarte el ojo con un hueso de aceituna, hacerte una llave de judo si te pones tonto o arrancarse por Chopin, ya sea al piano o al clarinete. Es previsible que en los próximos actos del partido el ‘tócamela otra vez, Teodoro’ se convierta en un grito de guerra.

Contenido el independentismo en do sostenido, el PP se enfrentaba este miércoles a la prueba del algodón de la Hispanidad, la etapa más brillante del hombre junto al Imperio Romano, tal y como la definió el propio Pablo Casado. Se conmemoraba la Toma de Granada en su 527 aniversario y se quería evitar que Vox se apropiara de los huesos de los Reyes Católicos, la pareja de moda que es hoy el referente político de esta novísima derecha. Los populares estuvieron a la altura con un reparto de miles banderas de España que tremolaron al viento como el pendón de Isabel. Así se hace patria.

Abierta la caja de Pandora, la exaltación de la historia de España, tan necesaria en estos días convulsos, puede ser un no parar y el PP, como depositario de esos valores universales, ha de dar la talla. Vox estará a la que salta, ya sea para celebrar la conversión de Recaredo al cristianismo, la caída del califato de Córdoba, la conquista de Toledo por Alfonso VI, el triunfo en las Navas de Tolosa o la expulsión de los moriscos ya en el siglo XVII. Para los populares se trata de un enorme desafío porque España es muy España y mucha España y sus hitos son incontables con las estrellas del firmamento.

Para recordarlo está Casado, que fue ingerir la última uva del 21018 y partir hacia Melilla, que es un bastión de la españolidad en el mismísimo mar de Alborán, “el corazón de España le pese a quien le pese”. El líder del PP viajaba al norte de África para ponerse a la vanguardia contra la inmigración, esa invasión bárbara que a la chita callando no deja de abrir teterías y restaurantes de comida marroquí a lo largo y ancho del país.

Anunciaba el pequeño Aznar la proposición que el PP llevará próximamente al Congreso para proteger a España de esas hordas de menores no acompañados, a los que no hay que tratar como niños sino como inmigrantes económicos y expulsarles con cajas destempladas, aunque para ello haya que pisotear varias convenciones internacionales sobre los derechos de la infancia y modificar la ley del menor y la de Extranjería. “En agosto nos llamaron xenófobos, populistas, radicales y mentirosos”, recordó Casado. Y tenían razón.

Es de agradecer esta ofensiva patriótica que da respuesta a las preocupaciones reales de los españoles. Sin complejos, dando la nota, haciendo justicia a Don Pelayo y conteniendo a los niños infieles que se nos cuelan en la frontera, los populares están listos para ganarse el corazón de los electores. El PP ha vuelto. Que conste.