Opinion · Tierra de nadie

Tiempo muerto

Atribuyen a Willy Brandt la frase de que las situaciones sólo se convierten en desesperadas cuando se empieza a pensar que son desesperadas. Pues bien, la tarea de encontrar a un candidato de postín a la alcaldía de Madrid por parte del PSOE no es que fuera desesperada sino lo siguiente. Algo pasa en este partido cuando ha de hacer un casting para seleccionar al aspirante a uno de los puestos de mayor relevancia del país y los llamados  a la cena te mandan a paseo o se disculpan arguyendo otro compromiso previo.

A tenor de lo conocido, Pedro Sánchez había ofrecido sucesivamente el caramelo de la candidatura a varios miembros del Gobierno y a Alfredo Pérez Rubalcaba, y todos ellos rechazaron el dulce, ya fuera porque la diabetes suele ensañarse con los ministros o por aborrecimiento personal al señor de la gabardina. La opción que se juzgaba más razonable en el PSOE, la del actual delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Rodríguez Uribes, un hombre especialmente querido y discípulo de Gregorio Peces-Barba, también fue descartada. Quedaba pues tirar de agenda, encontrar a algún amigo arrojado y rezar para que no se repitiera la experiencia de Zapatero con Miguel Sebastián, al que rápidamente se bautizó como Miguel Sebahostiar de manera premonitoria.

De Pepu Hernández, exseleccionador nacional de baloncesto, sólo se pueden decir cosas buenas deportivamente hablando, aunque todo lo demás sea un arcano impenetrable. Sus manifestaciones públicas sobre la situación política son contadas. Según parece, el bipartidismo le ha parecido casi tan peligroso como las mayorías absolutas, el 15-M le resultó simpático pero sólo al principio y le incomodaba que Rajoy hiciera la estatua en el tema de Cataluña. Lo más elaborado que se le ha leído es una reflexión sobre la Transición como punto de partida y sobre la necesidad de definir “nuestra verdadera democracia y nuestro verdadero estilo como país”.

La única certeza que se tiene de él es que es amigo de Sánchez desde los tiempos en los que el presidente le daba al baloncesto en el Estudiantes y que le presentó en su puesta de largo en política la primera vez que fue elegido secretario general. Y que sabe dirigir un equipo, al menos si va de corto y trata de encestar una pelota sobre todo al contragolpe. Por lo demás, Hernández es un tipo honesto que dedicaba ahora su tiempo libre a colaborar en un proyecto de responsabilidad social corporativa que da formación financiera gratuita a deportistas para que gestionen su patrimonio y no lo dilapiden en dos patadas. Nada hay, por tanto, que le invalide para presentarse a unas elecciones ni para hacerlo tan bien como cualquiera, o quizás mejor.

El asunto no es Hernández y su valía sino la imagen que traslada su designación, la de un partido sin banquillo que ha abdicado de competir por el Ayuntamiento más importante de España y la de una organización madrileña mangoneada desde Ferraz desde hace décadas que se somete pasivamente al capricho del líder. Sería una sorpresa que las primarias que han de oficializar el candidato, a las que tenía previsto concurrir Manuel de la Rocha, un histórico de Izquierda Socialista, modifiquen lo que todo el mundo da por hecho.

Cargos había para ubicar a Pepu Hernández y aprovechar su experiencia sin necesidad de colocarle a los pies de los caballos, algo que ocurrirá si algunas encuestas se confirman y el PSOE cede incluso su tercer puesto en la capital a favor de Vox. ¿Nunca hay un concejal que se salve de la quema y que merezca ser promocionado? ¿No quedan dirigentes en el partido dispuestos a hacer una apuesta a medio plazo y trabajarse la alcaldía? ¿Seguirá el exseleccionador de concejal y lo intentará de nuevo en cuatro años si no alcanza el bastón de mando? La mejor descripción la hacía Gerardo Tecé en un impagable tuit de dos palabras: “Falta personal”. Valdrían otras dos: tiempo muerto.