Opinión · Tierra de nadie

Sánchez es un traidor rarísimo

Como el Don Pablo de Bienvenido Mister Marshall, los convocantes de la patriótica concentración de la Plaza de Colón nos deben una explicación, ahora que el felón, ilegítimo y okupa de la Moncloa se dispone a hacer mutis con la convocatoria anticipada de las elecciones generales. Es una explicación muy pertinente porque el personal anda desconcertado y ya hay quien se pregunta cómo es posible que el tipo que había ofrecido la soberanía nacional para disfrutar de unos meses más del Falcon presidencial cancele los próximos vuelos. Quizás se justifique porque Pedro Sánchez sea además un taimado, “descripción” que Pablo Casado pasó por alto en su repaso al personaje, o porque falló en su “puñalada por la espalda a la ley y la Justicia”, pero en cualquier caso esa explicación tendrían que pagárnosla para que nos sintiéramos mucho más tranquilos.

La única alternativa razonable es que estamos ante alguien poco diestro en el uso del machete o ante una ondeante mentira de rojos y amarillos. Por mucho que se empeñen, no parece lógico que quien había cedido “al chantaje de aquellos que quieren destruir la convivencia ciudadana” y había renunciado a defender la dignidad de los españoles “con el único objetivo de mantenerse en el poder” se disponga a llamar al pueblo a las urnas a toda leche.

Es también bastante extraño que quien cedió “al aceptar las 21 exigencias del secesionismo”, entre ellas reconocer y hacer efectivo el derecho de autodeterminación, sea obligado a convocar elecciones justamente por negarse a dicho reconocimiento. Es rarísimo en definitiva que quien puso en almoneda el alma de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, a cambio de aprobar los Presupuestos Generales del Estado no haya podido hacer el trueque a plena satisfacción de las partes.

Urge desenmascarar a Sánchez porque, de lo contrario, el muy traidor podrá presentarse a las elecciones como una víctima, con lo guapo que estaba en el papel de verdugo. Los españoles somos muy españoles y mucho españoles y para salvar a la patria aceptamos gustosos el sacrificio. Ahora bien, los parados mayores de 52 años que se quedarán sin subsidio, los estudiantes a los que se negarán más becas, los dependientes a los que se les vuelve a cortar el grifo de las ayudas, los pensionistas que tendrán que seguir repagando medicamentos o los padres que no disfrutarán de la ampliación de sus permisos llevarían muy mal la confirmación de que todo haya sido una patraña rojigualda.

Es perentorio desnudar a este ladino del PSOE porque si su vileza no queda pronto al descubierto será capaz de concurrir a las elecciones como el defensor de un diálogo que el independentismo arruinó con exigencias imposibles o como quien pudo revertir muchos de los recortes de la crisis si la derecha no lo hubiera impedido. Lo piden a gritos hasta los baroncitos del PSOE, que temen que la convocatoria sea en abril y tengan que partirse el lomo haciendo campaña a su favor para evitar que en mayo se les acabe el plan de pensiones.

Bien pudiera ocurrir que con sus artimañas y por la candidez de los votantes, el PSOE ganara las elecciones y pudiera seguir gobernando, y entonces habría que volver a sacar del armario la bandera o a descolgarla de los balcones y a buscar nuevos emplazamientos para la protesta porque la plaza de Colón se nos quedaría pequeña. Ni siquiera sería descartable que el mismísimo Rivera, que ahora dice que con Sánchez nunca como en tiempos negó a Rajoy antes de votarle, le diera otro genovés abrazo para que los pelillos vayan a la mar y se los coman los peces, que no sólo de mercurio viven los atunes. Y entonces sí que no entenderíamos nada y tendríamos que abrir las fronteras para que acudieran en masa a salvarnos inmigrantes argentinos, psicoanalistas de profesión todos ellos.