Opinión · Tierra de nadie

¿Qué hacemos con Arrimadas?

Ha empezado a tomar cuerpo la posibilidad de que Inés Arrimadas aproveche ahora que España aún no se ha roto por el Ebro para cruzar el río y hacer tándem con Albert Rivera, bien como número uno por Barcelona o como su segunda en Madrid en las próximas elecciones generales. Se apunta que la jerezana es un activo capital en Ciudadanos, que su papel fue fundamental en el resultado electoral andaluz y que sería el revulsivo que necesita el partido para intentar dar el sorpasso al PP en los comicios.

Hace algo más de un año, a cuenta de la invisibilidad de la mujer en la sociedad actual, la vicepresidenta de Valencia, Mónica Oltra, lanzaba una reflexión sobre Arrimadas en la que afirmaba que precisamente por ser mujer había digerido con calma su triunfo en las elecciones catalanas sin despertar en Rivera la sensación de que podría hacerle sombra y que si fuera un hombre ya le estaría disputando el liderazgo del partido.

Justamente esta última opción, que Arrimadas se convierta en una alternativa, es la que trae a maltraer a ‘mister Orange’, cuya principal preocupación ha sido siempre figurar junto a ella de manera omnipresente para acentuar la impresión de que sus éxitos lo eran por delegación. Si Arrimadas iba a un programa de televisión, aparecía Rivera en pantalla para darle consejos; en los mítines en Cataluña intervenía Rivera como si él fuera el candidato; y hasta en la celebración de su triunfo electoral no pudo evitar irrumpir para que se supiera a quién se debía la victoria. Un titular del diario ABC venía a resumir esta cítrica obsesión suya: “Arrimadas, la obra más perfecta de Rivera”.

Con eso del cuento de la nueva política, Rivera podría parecer un recién llegado cuando en realidad lleva más de 12 años al frente de Ciudadanos y, en algún momento, sobre todo si el partido sigue anclado en su condición de bisagra chirriante, alguien podría plantear la necesidad de una nueva jefatura, papel para el que Arrimadas contaría a priori con todas las papeletas.

La decisión de que la diputada en el Parlament deje de ser el azote del independentismo y dé el salto a la política nacional estará en función de los cálculos que haga el ‘aprovechategui’ sobre su futuro y de si empieza a contemplar a su “obra” como un potencial cuervo capaz de arrancarle los ojos y, ya ciego, segarle la hierba bajo sus pies. Ello determinará que Arrimadas continúe en Cataluña, donde bien podrían estar al caer nuevas elecciones tras el juicio en el Supremo a los encausados por el procés, o que se instale en Madrid, con el peligro de que pueda restar protagonismo al gallo del campanario.

Siendo cierto lo anterior, tampoco es casualidad que ante la sangría del PP algunos de sus tradicionales altavoces mediáticos hayan empezado a airear algunos trapos sucios de Ciudadanos, desde la sociedad patrimonial no declarada de Begoña Villacís al hiperliderazgo de Rivera, que estaría puesto en solfa por un sector del partido. Con todo ello lidia hoy el naranjismo.