Tierra de nadie

El enorme ombligo de Borrell

¿Puede ser algo esperado e inesperado a la vez? Parece que sí o eso es, al menos, lo que sugiere la confirmación de que José Borrell encabezará la lista del PSOE en las próximas elecciones europeas del 26 de mayo. De su designación puede decirse que no se entiende muy bien o que se entiende demasiado, aunque para explicar el salto a Estrasburgo del actual ministro de Exteriores no hay que perder de vista a su ombligo, que es la cálida parte del cuerpo donde se acomoda la vanidad del ser humano y que en el caso de Borrell es como el cráter de un meteorito.

La razón política aconsejaba que, en el supuesto de que los comicios europeos tuvieran lugar antes de las generales, los socialistas presentaran un candidato con tirón y con efecto arrastre, por eso de que el que da primero da dos veces. Borrell tenía todas las papeletas para desempeñar ese papel, pero al variar el orden de los factores electorales el ‘sacrificio’ del ministro de Exteriores dejaba de tener sentido.

Lo incomprensible, sin embargo, tendría para otros toda la lógica del mundo. ¿Qué habría impulsado a Pedro Sánchez a nominar a Borrell? Pues desembarazarse de una figura incómoda por su posición crítica al independentismo, que ha pedido insistentemente su cabeza y que bien podría facilitarle los apoyos necesarios para una nueva investidura. Visto así, apartar a Borrell del Gobierno sería la hipoteca a pagar a los futuros aliados.

La realidad, sin embargo, parece ser otra bien distinta. Es Borrell quien ha querido encabezar la lista al Europarlamento contra el criterio de Sánchez y del líder del PSC, Miquel Iceta, que pretendían que fuera el número 1 por Barcelona en las elecciones generales, sobre todo ahora que Inés Arrimadas estará en los carteles. Y aquí es donde entra en juego el ombligo del ministro, cuya verdadera aspiración no es ejercer de muro frente al independentismo sino suceder al polaco Donald Tusk como presidente del Consejo Europeo.

La presidencia del Consejo equivale a una jefatura de Estado, en la medida que representa la más alta representación de la Unión Europea en política exterior y seguridad común. Tusk accedió al cargo en diciembre de 2014 y fue reelegido en 2017. Su mandato expira en noviembre de este año y, por esa tradición comunitaria de repartir las tartas y los caramelos geográficamente, tocaría asumir el cargo a un representante de los países del Sur. Nadie mejor que Borrell, cuya dilatada experiencia como eurodiputado, presidente del Parlamento Europeo y ministro de Exteriores le otorgan credenciales suficientes.

En definitiva, la decisión de encabezar la lista europea es del propio Borrell, algo que ha hecho muy feliz a la actual ministra de Función Pública, Meritxell Batet, que temía quedarse para vestir santos y que, por si las moscas, ya había empezado a recoger avales para hacerse con el primer lugar de la candidatura de Barcelona al Congreso de los Diputados. Así todo se entiende bastante mejor.