Opinion · Tierra de nadie

El gran agujero negro del 11-M

Como cada año y de manera incansable, los agujerólogos del 11-M, adalidades de esa gran teoría de la conspiración que durante quince años ha sembrado de mentiras todo lo relacionado con los atentados para seguir vendiendo periódicos y libros a costa de 192 muertos, han presentado una nueva falla en la “verdad oficial” que nos devuelve a la casilla de salida en este siniestro juego de la oca. Se trataría ahora de volver a vincular en los mismos a los servicios secretos de Francia y Marruecos, utilizando para ello las grabaciones del omnipresente excomisario Villarejo. Inmediatamente, el PP, por boca de su presidente, Pablo Casado, ha pedido que se desclasifique cualquier información sobre ese fatídico día para que se “llegue a la verdad” que las víctimas merecen conocer, pasando por alto que entre diciembre de 2011 y junio de 2018 gobernaba su partido y no debió de tener tiempo para revisar estos ‘archivos secretos’.

Como se ha dicho, la estrategia no es novedosa en este carrusel permanente de patrañas y de preguntas sin respuestas. Alguien habría fabricado como prueba una mochila  llena de Goma 2 y la habría dejado en la comisaría de Vallecas; alguien habría colocado un cartucho en la furgoneta que transportó a los terroristas; alguien habría manipulado un Skoda Fabia para que fuera encontrado por los investigadores; alguien habría ocultado que lo que estalló en los trenes era el explosivo habitual de ETA; alguien habría suicidado a los suicidas de Leganés; alguien habría ordenado destruir los restos de los vagones para borrar las pistas; y así. La participación de Marruecos en los atentados es un mantra antiguo del que ahora se ha eliminado el delirante objetivo que en su día revelaron algunos de estos psicópatas: conseguir un cambio de Gobierno en España para, ya con el PSOE en el poder, que también estaba en el ajo, negociar la entrega de Ceuta y Melilla a Rabat.

La propia sentencia del 11-M, que no resolvía todo pero aclaraba bastante, explicaba el comportamiento de estos vendedores de burras y de mantas, cuya aspiración última era establecer de manera incontestable un tratado de colaboración entre Bin Laden y Josu Ternera, apadrinado por ‘inteligencias’ extranjeras. “Como en muchas otras ocasiones a lo largo de este proceso, se aísla un dato –se descontextualiza- y se pretende dar la falsa impresión de que cualquier conclusión pende exclusivamente de él, obviando así la obligación de la valoración conjunta (de la prueba) que permita, mediante el razonamiento, llegar a una conclusión según las reglas de la lógica y de la experiencia”, apuntaba en su día el fallo judicial.

Los pretendidos enigmas aventados por esta gentuza disfrazada de periodistas de investigación no han sido sino insultos a la inteligencia que, sin embargo, han encontrado eco en numerosas almas de cántaro de esta alfarería que es España. Su intención siempre fue desacreditar las pruebas y dar al traste con el proceso, como se intentó con la famosa mochila de Vallecas, que gracias a la tarjeta telefónica del móvil que debía activarla dio pie a toda la investigación posterior. Así, se puso primero en duda su cadena de custodia y después se quiso demostrar que la investigación de la propia tarjeta se había realizado sin control judicial.

Los mayores esfuerzos se dedicaron a apuntalar la teoría de que ETA participó en los atentados para dar la victoria a los socialistas y luego negociar con ellos un nuevo estatus para Euskadi, y de ahí que la falsedad más duradera en el tiempo fuera que lo que estalló en los trenes era el titadyne de ETA y no la Goma 2 Eco de Mina Conchita. Unidas todas las teorías, la de la participación de ETA, la de los servicios secretos marroquíes y franceses y, por supuesto, la del PSOE como beneficiario último de la masacre, falta por explicar por qué sus profecías siguen sin cumplirse.

Las mentiras han hecho mucho daño en este proceso y no parece que sus responsables –fundamentalmente el PP y los medios de comunicación que apuntalaron una suerte de conjura universal y trataron de provocar la nulidad de la instrucción judicial para dejar en la calle a varios de los asesinos- tengan intención alguna de pedir perdón.

Sin embargo, es la verdad la que les retrata. Lo incontestable es que hubo un Gobierno que mintió sobre la autoría de los atentados para mantenerse en el poder. Esa verdad es la que hace salir huyendo al candidato al PP a la alcaldía de Madrid en pleno homenaje a las víctimas para no escucharla. Esa verdad es la que lleva a descalificar al responsable de los Tedax por afirmar que el Gobierno de Aznar le pidió que asumiera sus falsedades sobre el explosivo utilizado. Quince años después el único enigma en pie es cómo han logrado algunos que no se les caiga la cara de vergüenza y seguir actuando como periodistas respetables. He aquí el gran agujero negro.