Opinion · Tierra de nadie

Casado y ‘El cuento de la criada’

En una nueva entrega de la distopía que el PP nos promete si llega de nuevo al poder, este miércoles se conoció un aspecto de su futura ley de apoyo a la maternidad pensado para mujeres inmigrantes en situación irregular y que parece sacado del guion de El cuento de la criada: aquellas inmigrantes que manifiesten su voluntad de entregar a sus bebés en adopción no podrán ser expulsadas del país durante el embarazo. Eso sí, una vez finalizada la gestación y el proceso se complete podrán ser deportadas por cualquier otro motivo previsto en la ley de Extranjería.

Según los de Pablo Casado, es una medida humanitaria que evitaría que la Administración use los datos que estas mujeres tendrían que facilitar si decidieran desprenderse de los recién nacidos para proceder a su expulsión. En realidad, lo que se conseguiría es que las inmigrantes sin papeles entreguen a sus hijos sin desearlo por el miedo a ser deportadas. Se implantaría de esta manera un sistema de incautación legal de bebés, ahora que robarlos está más perseguido y las sor Marías de turno lo tienen más difícil, para contribuir tacita a tacita a superar nuestro invierno demográfico.

La situación que describe el PP es simplemente ficticia: no existe constancia de ninguna denuncia de mujeres inmigrantes que hayan sido expulsadas por haber pretendido dar en adopción a sus hijos. El ‘blindaje’ es, por tanto, obsceno e innecesario. En cambio, lo que las inmigrantes embarazadas tendrían que saber es que el reglamento de la ley de Extranjería contempla dejar en suspenso la devolución a sus países de origen, si bien es cierto que sólo en aquellos casos en los que el traslado suponga un riesgo para la gestación o para la salud de la madre. Y que esta misma norma prevé la concesión de residencia por arraigo familiar, a la que tanto la madre como el padre de un menor con nacionalidad española tienen derecho si están a su cargo o conviven con él.

Dicho de otra forma, en la actualidad es posible la deportación de inmigrantes sin papeles que estén embarazadas, lo que tampoco es frecuente, pero está previsto que  consigan la residencia legal después de dar a luz ya que su hijo adquiriría por nacimiento la nacionalidad española. Con la propuesta del PP, una vez entregado a su hijo en adopción, las extranjeras en situación irregular podrían ser expulsadas sin más. Es decir, nos deshacemos de los padres y nos quedamos con los niños, esos cotizantes del futuro que tanta falta le hacen a la Seguridad Social y al sistema de pensiones.

La inmoralidad de la medida se explica por sí misma. Forma parte de ese ramalazo xenófobo y reaccionario que Casado ha extendido en su partido, más por obsesión personal que como defensa ante el auge de la extrema derecha de Vox, siendo ambas circunstancias igual de detestables. Como el país necesita más niños aceptamos los de las inmigrantes, simples objetos de los que sólo nos interesan sus ovarios, y una vez en nuestro poder les damos pasaporte, no vaya a ser que tengamos luego que pagarles pensión a los padres. Y como los españoles no pueden o no quieren tenerlos, restringimos la ley del aborto y/o enseñamos ecografías diarias a las embarazadas para que sepan lo que llevan dentro.

Lo de este partido es de juzgado de guardia. ¿Qué tipo de ley de apoyo a la maternidad agita como en una coctelera inmigración y aborto? ¿Qué tipo de país quiere construir esta gente? ¿Qué máquina del tiempo ha logrado trasladar a su líder al siglo XXI desde algún punto oscuro e indeterminado de la Edad Media?