Opinion · Tierra de nadie

¡Casado al agua!

Dicen que siempre es bueno que haya niños en casa a los que echarles la culpa y con Tezanos en el CIS la derecha, y especialmente el PP, tiene todo un parvulario. El último de sus barómetros, una megaencuesta con 16.194 entrevistas, augura una hecatombe para Pablo Casado. Con los pronósticos más favorables, el trifásico de Colón se quedaría a 10 escaños de la mayoría necesaria para gobernar. Y no es lo peor. En la parte baja de su horquilla el sondeo atribuye a los populares 66 escaños, 71 menos de los que obtuvo Rajoy al frente de un partido acomplejado y sin principios, pecados capitales que el neoaznarismo imperante pretende expiar a mayor gloria de España.

Ante semejante pisotón de elefante, Casado ha reaccionado como era previsible. Que si la encuesta le da risa, que si el CIS es “sobrenatural”, que si Tezanos en su ‘cocina’ maneja el nitrógeno líquido mejor que Ferrán Adriá, que a este paso el PACMA superará al PP, y así. Lo cierto es que, en esta ocasión, el estudio sigue la tendencia de los últimos trabajos publicados, y ni siquiera se puede culpar a Tezanos y a sus fogones porque el organismo, asaeteado y con razón por sus desvaríos demoscópicos, ha vuelto a recetas mucho más tradicionales.

Es verdad que el porcentaje final de participación y el alto número de indecisos son dos enormes ramas que impiden aún ver nítidamente el bosque, pero a estas alturas se puede decir que pinta en bastos para Casado, al que sólo le vale alcanzar el Gobierno –tal y como sucedió en Andalucía- para enmascarar un naufragio de esos en los que sólo se salvan un par de tablas y a una de ellas está agarrado Javier Arenas, ese joven insumergible.

Llegado el caso, habrá politólogos de guardia que analizarán las razones del presumible descalabro aunque, por aplicarle al caso la navaja de Ockham, la explicación más sencilla es que lo de cargar el paquete a la derecha será muy torero pero ha sido una idea funesta. Sin ser nunca una fuerza que se distinguiera por su centralidad, hubo etapas en las que el PP logró dar el pego. Sin embargo, con la nueva línea dura, en insensata competencia con Vox, hasta Rafael Hernando podría ser sospechoso de socialdemócrata.

Es lógico que se recuerde ahora el vibrante discurso con el que Casado se dirigió a los afiliados del Congreso que le hicieron presidente, cuando les prometió ilusión, renovación y unidad para convertirse en una “fuerza imparable” y, en conexión con “la España de los balcones”, volver a ser el PP de los 11 millones de votos “que nos permita gobernar sin bisagras oportunistas ni nacionalistas”. Aquella frase de “el PP ha vuelto” como si alguna vez se hubiera ido sigue clavada como una daga en la espalda de muchos de sus adversarios.

No faltan en el partido los que explican que el odio pudo más que el amor y que no es que Casado ganara aquel Congreso sino que fue Soraya Sáenz de Santamaría quien lo perdió. Entre las brumas vuelve a dibujarse la silueta de Alberto Núñez Feijóo, el hombre bala que se apeó entonces del cañón, bien porque el salto a Madrid le diera vértigo, bien porque alguien se encargó de mojarle la pólvora con la amenaza de ciertas fotos comprometedoras.

Tras el abandono de algunas y la purga de otros, desplazados por los deslumbrantes fichajes del nuevo líder, es Feijóo el único que queda en pie, y sobre él estarán puestas todas las miradas si el batacazo se consuma. Si Casado se estrella en las generales y el gallego retiene en mayo el poder en Galicia no faltarán quienes le reclamen como salvavidas y exijan pasar por la quilla al aprendiz de brujo para que alimente a los peces o se dedique, ya con más tiempo, a hacer otro master desde el fondo del mar. No todos flotan como Arenas.