Opinion · Tierra de nadie

Tocar los cojones

Ha sido muy comentada una iniciativa que Ciudadanos ha registrado en la comisión de Economía del Ayuntamiento de Málaga en la que, por error, se incluye una acotación del asesor encargado de redactarla. Los de naranja piden al equipo de Gobierno del PP conocer el grado de aplicación de determinada normativa sobre la contratación municipal con la siguiente apostilla entre corchetes dirigida al portavoz del partido: “Creo que en esto son bastante escrupulosos, pero básicamente es por si quieres tocar los cojones”.

La moción ha dado artillería a los populares, con los que Ciudadanos mantenían un acuerdo de investidura que recientemente han roto, y ha permitido al alcalde Francisco de la Torre, manifestar que en política se tiene que estar para servir al bien común y no para hacer estrategias políticas de “corto alcance”, y para recordar que anteponer el interés general a la tentación de fastidiar al que manda está muy feo.

En realidad, lo criticable de este gazapo es más lo que sugiere que lo que dice. Lo que merece censura es que los concejales de Ciudadanos lleven al registro para su debate un texto que ni siquiera han leído, lo que pone en cuestión su dedicación al cargo y en donde bien podría figurar un recordatorio a la madre de los ediles en cuestión. El aviso de cómo meter el dedo en el ojo al adversario es digno de aplauso. Pues claro que se está en la oposición para “tocar los cojones” al que gobierna porque esa es la mejor forma –a veces la única- de servir a la comunidad y al bien común.

Es más, en política en general se está para molestar por la simple razón de que no se puede servir al mismo tiempo a todos los amos. De hecho, y esto es algo muy útil para saber a quién votar ahora que tenemos las urnas a la vista, lo más revelador a la hora de tomar una decisión inteligente no es tanto determinar los beneficiarios de las acciones propuestas sino conocer la lista de los potenciales perjudicados. Eso de gobernar para todos es una mentira de grueso calibre; siempre se gobierna contra alguien. De la misma manera, no es verdad que todos los partidos quieran lo mismo y que lo único que cambie es la manera de conseguir el objetivo final.

Los millonarios que van al médico en jet privado y se mueven por la ciudad en coches de alta gama y chóferes con gorra de plato no pueden querer lo mismo que los que acuden en autobús o en metro al hospital público. Las sociedades, como explicaba Tony Judt, albergan intereses en conflicto y negar las diferencias de clase, riqueza o de influencia sólo pretende colocar unos intereses por encima de otros.

En definitiva, no hay propósito más genuino en la contienda política que importunar y, más que tocar, apretar con fuerza a la manera del chiste del dentista. Ni la colaboración puntual debe ser un cheque en blanco. En política no se está para hacer amigos aunque en estas elecciones haya tres candidatos que parezcan íntimos.