Opinion · Tierra de nadie

A Rivera le pintan de azul y está monísimo

De la crisis interna abierta en Ciudadanos por el empeño de su líder de adelantar al PP por la derecha y circular en paralelo con Vox se han hecho dos interpretaciones. La primera, bastante delirante, ha corrido a cuenta de Pablo Echenique, que en su heliocentrismo ha presentado a Rivera como una víctima de  los “poderosos”, cuya nueva misión histórica es quebrar su ancha espalda para evitar que Podemos gobierne. Según este fino análisis, míster Orange habría pasado sin solución de continuidad de ser el instrumento del Ibex 35 a su archienemigo, ya que al negarse a facilitar la investidura de Pedro Sánchez le estaría empujando hacia ese sol que brilla en su flanco izquierdo y que para Echenique es el verdadero centro del universo.

La segunda entiende que lo que se ha empezado a vivir en Ciudadanos es una adaptación muy singular de ese cuento de Andersen en el que a un emperador muy cortito le hacen creer que no va en pelotas sino que luce el más rico traje jamás creado que sólo lo tontos son incapaces de ver. A diferencia del cuento, a Rivera no le ha engañado nadie. Ha sido él quien ha desnudado los principios del partido y quien ha tomado por idiotas a los que le señalaban con el dedo y proclamaban su desvergüenza. La novedad es que algunos de los suyos han empezado a unirse al coro. Primero fueron algunos de los fundadores del invento; luego Valls, su étoile du matin, antes de que el pequeño Napoleón del Eliseo le sacara los colores; ayer lo hicieron varios miembros de su Ejecutiva.

De todas las maneras de hacer las maletas, dar un portazo y mandar a hacer gárgaras a Rivera, la de Toni Roldán ha sido de una elegancia versallesca. Quizás se equivocaba al afirmar que uno no puede ser lo que no es durante mucho tiempo, porque la política está llena de quienes son exactamente lo que les mandan ser por temor a perder el sueldo, pero en su denuncia de que Rivera había arriado las tres banderas de Ciudadanos –la regeneración, el reformismo y la lucha contra el nacionalismo- formuló la pregunta del millón: “¿Cómo vamos a luchar contra la dinámica de confrontación de rojos y azules que vinimos a combatir si nos convertimos en azules?”.

Estallaba así una revuelta de alcance bastante limitado. El eurodiputado Javier Nart renunciaba a su puesto en la ejecutiva pero no al escaño, tras ser derrotado en la votación que exigía un cambio de rumbo. Luis Garicano, mentor de Roldán, no dejaba ni una cosa ni la otra. Otros dos dirigentes se sumaban a la petición de reconsiderar la política de alianzas y tres más se descolgaban de la mayoría con una abstención, mientras renunciaba a su escaño en Asturias el que fuera cabeza de lista, Juan Vázquez. Enfrente, los 24 de Rivera, incluido su núcleo duro: Arrimadas, Villegas, Hervías y De Páramo. A tenor de la composición del grupo de eurodiputados, parece que la disidencia, hasta que sea purgada –algo que conociendo el funcionamiento de estos liberales tan tolerantes no tardará en producirse- se instalará en el dorado ‘exilio’ de Estrasburgo.

El episodio dejó dos apuntes de importancia. Uno de ellos es el nuevo papel de Inés Arrimadas, desactivada como aspirante a la sucesión y reducida a correveidile del gran Albert. Para eso ha quedado.  Que reprochara a Roldán su cambio de criterio respecto a la estrategia que él mismo había aprobado, cuando lo constatable es que se limitó a respaldarla por lealtad tras haber expuesto su oposición en multitud de ocasiones, es de una bajeza incalificable. Envía un mensaje preocupante: si te opones a la mayoría y lo haces público eres poco menos que un traidor; si mantienes la reserva, tratas de atraer a los demás a tu punto de vista y, finalmente, tomas las de Villadiego para dejar a salvo tus principios y explicas las razones, eres un errático del que hay que desconfiar.

La segunda nota tiene que ver con el propio Rivera, que puede que encarne no sólo a la derechita veleta, como sus socios de factode Vox le reprochan, sino también a la cobarde. Esconderse tras Arrimadas y evitar dar explicaciones en la primera crisis de calado de su partido dice muy poco de su liderazgo y bastante de su endiosamiento. Un tipo que se ha pasado la vida exigiendo a sus adversarios que den la cara, cuando llega la ocasión de dar ejemplo entierra la cabeza en la arena. Ha sido la última metamorfosis de Rivera: de gallo de campanario a avestruz.

Volvía a equivocarse Pablo Echenique al comparar el ‘golpe de estado’ en el PSOE, que se llevó por delante a Sánchez antes de conocer que poseía el don de la resurrección, con la asonada de Ciudadanos, donde más temprano que tarde los ‘desleales’ serán conducidos al paredón. Se les apartará primero de sus responsabilidades ejecutivas si las tuvieren y, a la menor oportunidad, se les aplicará el reglamento, donde se contempla como motivo de expulsión la manifestación pública de toda “discrepancia grave con la ideología, principios, o fines del partido, realizada durante actos de propaganda, reuniones públicas o a través de cualquier medio que garantice la publicidad del hecho”. En resumen, serán repudiados por críticos o serán críticos mudos: perderán la ficha de militante o la lengua.

No convendría tampoco exagerar el conflicto interno de Ciudadanos. Es irrefutable, como advertía el dimisionario Roldán, que el partido ha cambiado, pese a que apuntaba maneras desde hacía tiempo. Sin embargo, resulta pretencioso afirmar que será España quien termine pagando los costes de esa estrategia suya de dejar de ser bisagra para transformarse en muleta y ponerse a pegar derechazos. Este país lo ha soportado todo: a una izquierda que actuaba como la derecha y a una derecha que se decía de centro para ocultar sus apellidos. Podrá aguantar que los presuntos liberales blanqueen al neofranquismo y apuntalen la corrupción de sus aliados más diestros. Tenemos el cuerpo hecho a la mentira y lo llevamos razonablemente bien.¿Que los naranjas son azules? Pues vale. Ya lo decía Paolo Coelho, el mercachifle de cabecera de Rivera: “No todo en la vida es de un color o de otro. Miren si no el arco iris”.