Opinion · Tierra de nadie

El plan infalible del ‘spin doctor’ de Sánchez

En un brindis por la incoherencia, casi al mismo tiempo que se anunciaba este martes el acuerdo de PSOE y Podemos para formar gobierno en la Rioja, los socialistas entornaban la puerta –lo de cerrarla sigue siendo aventurado – a la oferta de los de Iglesias de una coalición similar a la que pudo concretarse en julio y se dejó malograr. Dice el PSOE que la música de las propuestas les suena muy bien pero que lo de formar parte de la orquesta es otro cantar porque la desconfianza mutua y lo discordante de las notas en temas de Estado, tal que Cataluña,  lo hace “inviable”. Sugiere en su lugar que su aliado preferente se siente en el patio de butacas y aplauda algunas de sus composiciones cuando se interpreten mientras prosigue sus reuniones con distintos colectivos sociales que, a la hora de buscar votos para la investidura, es una forma de tan buena de perder el tiempo como cualquier otra.

Amanece, por tanto, un nuevo día de la marmota, un bucle idéntico a lo ya vivido si no fuera por el convencimiento que se traslada desde el Gobierno en funciones de que en esta ocasión conseguirá doblar el brazo de su socio ante la perspectiva del adelanto electoral. Estamos, según parece, ante una nueva estrategia infalible del spin doctorde Sánchez, que, tras un primer enroque, ha visualizado un mate en tres jugadas sin contar con que los demás también mueven ficha.

Como se aventuraba aquí tras el ridículo de la investidura fallida, el inquilino en funciones de la Moncloa se ha convencido de que puede conseguir la rendición de su socio fomentando la división entre los suyos, y se dispone a dar alas a quienes en el entorno de Podemos se inclinan por un acuerdo de legislatura sin entrar en el Gobierno. Se pretende agitar el supuesto caos interno en combinación con una oferta programática irrechazable, de tal manera que Iglesias se muestre como un enajenado de los sillones sin otra alternativa que enarbolar la bandera blanca o someterse a unos nuevos comicios que se lo llevarían por delante.

Optar por la humillación en vez de por el acuerdo tiene sus riesgos. El fundamental es que se llegue a la repetición electoral y que el hastío de los votantes culmine en un triunfo del bloque de la derecha, algo nada descartable a tenor del espectáculo que se sigue ofreciendo a la ciudadanía. También podría ocurrir que el resultado fuera, diputado arriba o abajo, un calco idéntico de la situación actual y que el día de la marmota comenzara de nuevo. Si alguien, además de Tezanos, piensa que el PSOE obtendría una mayoría suficiente para gobernar en solitario haría bien en cambiar de alucinógenos.

En medio de las incertidumbres políticas y económicas, con la amenaza de una recesión a la vuelta de la esquina, dejar al país aparcado en el arcén varios meses más es de una irresponsabilidad manifiesta, la muestra de que el interés general importa un pimiento. Ahora bien, si podemos sobrevivir con los Presupuestos de Rajoy prorrogados haríamos bien en erigir un monumento a nuestro registrador de la propiedad favorito o pedirle que vuelva para que haga otros y que la izquierda pueda seguir jugando al ajedrez por tiempo indefinido, que es su deporte favorito.