Opinion · Tierra de nadie

Es la incompetencia, amigo

A medida que se confirma que el brote de listeriosis focalizado en la empresa Magrudis estaba en las mechadoras de carne, en las bandejas de horneado y, posiblemente, hasta en los pomos de las puertas, la gran incógnita del caso es cuánto tiempo más tardará en dimitir Jesús Aguirre, el campechano consejero de Salud de la Junta de Andalucía que llamaba chupetones a los abortos, por el cúmulo de gravísimas negligencias que han propiciado que más de 200 personas se hayan visto infectadas, la muerte de una anciana, decenas de embarazadas en observación clínica y una auténtica psicosis en la población por la nefasta gestión de la crisis.

La gran chapuza se remonta a finales del mes de julio que es cuando la propia consejería fechaba en un informe el anormal repunte de los casos de listeriosis. Confirmado el brote el 9 de agosto tras el informe del Laboratorio Municipal de Sevilla, sigue siendo inexplicable que la alerta sanitaria no se activara hasta el pasado día 15, aun cuando fuera cierto que existió un error en el etiquetado de las muestras que atribuían la infección a los productos de otra empresa porque si esto hubiera sido así lo lógico habría sido inmovilizarlos también.

En definitiva, se detectó tarde y mal el origen de la infección de la que se responsabilizó en exclusiva a la carne mechada de Magrudis pero que estaba presente también en otros envasados de la firma que se analizaron días después de la declaración de alerta, se alabó al empresario por su disposición a colaborar, se demoró la inmovilización de las partidas, se ignoró la existencia de una marca blanca que siguió comercializando los productos contaminados y cuyo etiquetado no mencionaba su procedencia y, para colmo, se culpó a los enfermos por acudir a los servicios de urgencias y colapsarlas cuando experimentaron algunos de los síntomas de que la bacteria campaba por su organismo.

El caos ha sido de tal calibre que lo que se negó en un primer momento, que la contaminación fuera cruzada y no afectara exclusivamente a la carne mechada sino a toda la fábrica, se ha tenido que reconocer después, lo que evidenciaría un problema general de higiene en el proceso de elaboración. A estas alturas se sigue sin saber si la Administración andaluza llegó a efectuar los preceptivos controles periódicos o cuál era el control interno que desarrollaba Magrudis, que ha hablado de un análisis externo de los días previos a la detección de la listeria que habría resultado negativo.

Nunca se está a salvo por completo de una contaminación alimentaria pero la obligación de los responsables es detectar el foco con celeridad, retirar del mercado las partidas afectadas, informar de manera precisa a los consumidores, atender a los infectados y depurar las responsabilidades pertinentes a las que hubiera lugar. En vez de esto, se ha tratado de salpicar a otras administraciones –el PP de Andalucía ha establecido que el único culpable de la listeriosis es el Ayuntamiento de Sevilla-, y se ha defendido que el presidente andaluz Moreno Bonilla se tomara un descanso para broncearse porque en todos los trabajos se fuma. Lo de estudiar seriamente qué ha fallado y qué se debe subsanar para que no vuelva a ocurrir, ya y tal.

Si algo ha puesto de manifiesto la crisis de la listeria es la incompetencia del Gobierno andaluz, especialmente la de su consejero y de esos amigos suyos a los que, según dijo, reclutó en una sola tarde para que fueran su equipo de altos cargos. Cuando lo que está en juego son las vidas de ancianos y niños, los grupos de más riesgo, dicha incompetencia es delictiva. Pero, oiga, que Moreno Bonilla también tiene derecho a tomarse unos días libres.